Maruja Torres: Una aventurera en Beirut

La escritora ha ganado el Premio Nadal con ‘Esperadme en el cielo’ (Destino), una comedia con sustancia que es un brindis por la amistad y contra el aburrimiento.

Estoy muerta? Como primera frase de un libro se las trae. Hay que ser valiente para imaginarse a una misma en ese trance ‘angustioso’, según la palabra precisa de Maruja Torres. ‘Esperadme en el cielo’ es un libro de recuerdos sin nostalgia que habla de pérdidas y de renacimientos. Una comedia con protagonistas de la altura de Terenci Moix y Manolo Vázquez Montalbán, en la que se dicen cosas muy serias y de la que se desprende unas renovadas ganas de vivir una cierta locura, un cierto caos. Un libro contra el anclaje, contra el fui, contra el sofá y los paseos cortos al mediodía. «Crees que el cirio que no arde es mejor que el que se consume?», escribe Maruja. De acuerdo con su declaración de principios, «Diversión y aventura al fin», no.
Te reconozco en la ‘Alicia en el País de las Maravillas’ y sus «feliz, feliz no cumpleaños», pero no te imaginaba tanto de Wendy peterpanesca, la verdad.
Soy más Alicia, pero tengo un punto Wendy que Terenci me encontraba siempre. He sido muy fiel a ellos, a Terenci y a Manolo. A través de mi voz recuperan la suya. Los hago vivir. En esta cosa del envejecer, Terenci-Peter Pan me reprochaba: «Tú no ves las cosas buenas de los jóvenes. » Y tenía razón. Entonces, no las veía. Tuvo que morirse él para, a través de sus esperanzas, alimentar la mía. Wendy me estaba ganando, ganaba a la Alicia que era yo por goleada. Escribiendo el libro volvió mi Alicia surrealista. Cada vez estoy más loca, gracias a Dios.
Eso de llamar al diablo ‘Lucy’...
Con sus alitas, sus plumitas… ¿Te has fijado en que hay una pluma suya en el sofá de la portada del libro? Son mis vivencias, mis mitos.
En tu libro mezclas humor y cosas muy serias.
Lo que digo es que hay vivir a todo riesgo o morir. Cuando empecé este libro, en 2004, estaba en fase de conformarme. De quedarme apoltronada en el sofá. Esbozar este libro e irme a vivir a Beirut antes de lo previsto fue una intuición. Un revulsivo. Volvía a ser aventurera. Salí del barrio, de la ciudad, del continente... y al siguiente pasito, ya estaba en Beirut. Busqué el caos. El trabajo de mis amigos ya estaba hecho.
¿Quién eres en Beirut?
Soy el testigo. La que tengo memoria del ayer y de todos los ayeres. Allí he asumido el papel de la que se queda. Eso es un mundo. Y yo tengo muchos pasados y muchos mundos.
¿Hablas mucho con los jóvenes ?
Mucho. Conozco a muchos mileuristas con un montón de carreras que no se conforman y se vienen aquí y a otros países buscando vivencias que en España nunca tendrían. Les transmito muchas cosas porque me preguntan. Tengo conversaciones muy largas sobre el cine, sobre la vida, sobre lo que sea, pero perder el vínculo generacional que tenía con Manolo y Terenci es perder la pared maestra. Son los hermanos que no tuve, los maestros que no tuve. Todo. Por eso necesitaba contarme este cuento para seguir viviendo.
Aventurarse es...
Vivir sola en una ciudad como Beirut sin saber a quién llamarás si te pasa algo gordo; bajar a medianoche a cambiar los plomos... Eso es aventurarse y estoy muy contenta de haberlo hecho. A cambio de eso, tengo que dar algunas cosas: muchas despedidas, muchas vivencias, amistades cortas pero intensas, conversaciones hasta el amanecer. En Occidente no se habla. No se habla nada. En eso deberíamos orientalizarnos un poco.
Tus amigos te preguntan: «¿Cuánto tiempo hace que vives sin que nadie te haga daño?»
Es que a veces nos vestimos de Acorazado Potemkin ante cualquier tipo de sentimiento. Y hay que dejarse invadir de nuevo por los sentimientos. Ahora vivo en un lugar donde se embellecen las cosas prosaicas y a la sacarina se le llama Canderel. Suena a Campanilla.
Una de las cosas más divertidas del libro es cómo cambiáis de look. ¿Cómo se te ocurrió?
¡Me apetecía mucho hacer el ganso y jugar! Pero no hay que engañarse: este libro se trata de convertir la muerte en vida. Y de mis ansias de remontar un cierto conformismo.
Escribes: «Somos esclavos de lo que los demás ven en nosotros», ¿harta de fingir?
En Líbano nadie sabe nada de mí. Para ello soy la española que dicen que es periodista y estuvo aquí en la guerra. La mujer que va con un rosario de colores en la mano y siempre esta escribiendo en los cafés.