Madonna regresa con “Confessions on a Dancefloor”

Madonna regresa en noviembre con “Confessions on a Dancefloor”, un disco con el que pretende levantar a la gente de la silla. ¿Bailas?

Rubén Romero

El pasado 16 de agosto, precisamente el día que cumplía 47 años, la representante de Louise Veronica Ciccone comunicaba a la humanidad que la cantante se había caído del caballo mientras practicaba equitación en su casa de Ashcombe. La humanidad, por su parte, frunció el entrecejo. ¿Semejante accidente con la promoción de su nuevo álbum, "Confessions on a Dancefloor" (Warner), a la vuelta de la esquina? De todos es sabido la habilidad de la actual señora de Ritchie para conseguir el titular de primera página a cinco columnas. Para los escépticos, el personaje no es sino el rostro de una multinacional, de una gran pirámide corporativa. Los crédulos e irónicos, por su parte, no entendían cómo tan reputada cabalista no había sido capaz de ver que ese día no debía tener trato con equinos.
Pero así fueron las cosas, y así se nos contaron. La reina del pop también tiene accidentes domésticos. Algo impensable, desde luego, hace cinco años.
El té obró el milagro
Cuando Madonna aterrizó en Londres, en el año 2000, huyendo como otros compatriotas famosos del acoso de la prensa, no sabía que su vida iba a cambiar radicalmente. Conoció al joven director de cine Guy Ritchie (el té actuó como filtro del amor), se casó y tuvo a Rocco. Y la otrora imagen gratuita de Victoria’s Secret, la ex bailarina de striptease, se convirtió en casta esposa.
Dos mejor que una
Aprendió a cazar, a pescar, a degustar la cerveza, a montar a caballo (bueno, más o menos). Se rodeó de cuadros carísimos de Frida Khalo y Francis Bacon. Se juntó con lo mejor de la sociedad inglesa. Empezó a tener opiniones políticas más allá de sus sugerencias estilísticas. Todo parecía llevarla hacia un retiro dorado, pero ella quería más: quería seguir alimentando el ego de Madonna. Problema de difícil solución. ¿Cómo compaginar el ir de canapés con la Reina Isabel y darse un beso con Britney en los premios MTV?
Esta dicotomía personal ha tenido sus consecuencias en lo profesional. Madonna, la eterna, vio cómo "American Life", su álbum del 2003, se convertía en un desastre. Mala copia de Music, decepcionó a crítica y público. La gira posterior, bautizada «Re-Invención», fue más de lo mismo. Su tan cuidada imagen se resquebrajó en varios pedazos. Pero Madonna siempre ha mostrado una tenacidad a prueba de bombas.
"Confessions on a Dancefloor", su próximo disco, es su intento de limpiar ese borrón de su carrera y demostrar que una puede ser señora en su casa y artista en el escenario. A fin de cuentas, la famosa caída del caballo, que se saldó con tres costillas rotas y una clavícula desplazada, no es un precio demasiado alto por haber pasado de un local de striptease en el East Village de Nueva York a una casa solariega de Ashcombe, en Wiltshire.