Laurent Garnier, electroshock

El DJ francés publica Electroshock, su biografía.

Cristina Ros

¿Dónde encuentra la inspiración un dj?
En la vibración, que es la suma de los elementos de la noche. La vibración te llega de las luces, del público, de tu estado. Es una locomotora que intenta llevar el máximo de vagones lo más lejos posible.

¿Qué se le debe reclamar hoy a un pincha?
Que le guste bailar. No puedes contagiar a la gente si tú no quieres ser contagiado.

¿Existe un culto excesivo a esta figura?
No lo creo. El culto al dj es igual que el culto que se rindió a las figuras del pop o el rock en su momento. Además, en la actualidad estamos experimentando un retorno de estos géneros que ha hecho que el dj como figura vuelva a perder interés. Ahora atrae más coger una guitarra que pinchar en unos platos, y eso se nota.

¿Sigue existiendo la erótica de la profesión?
Eso ha sido un cliché muy explotado desde los años ochenta. Pero las cosas han cambiado bastante. Hoy, la escena de un club es bastante asexuada y está formada, básicamente, por gente que quiere escuchar música de verdad. El contacto con el público es mucho más profesional.

Cuando, de joven, trabajabas en la embajada francesa de Londres, de día servías cócteles a Mitterrand y a Lady Di, y de noche te ibas a pinchar. ¿Cómo lo compaginabas?
(Risas). Sí, mi vida siempre ha sido doble, una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Igual que ahora: he de compaginar mi profesión de DJ con mi rol de padre.

¿Y cómo es la vida de un papá DJ?
Complicada, porque implica noches sin dormir; llegar a casa tarde y despertarte a las siete porque el niño necesita atención. La vida familiar supone muchas responsabilidades y la rutina de DJ no cambia aunque tengas una familia.

¿Te has llevado a tu hijo a alguna sesión?
No, porque aún es muy pequeño. Pero el año que viene tengo pensado llevarlo a algún concierto. Le encanta la música y, de hecho, ya tiene su propia guitarra.

Electroshock está publicado por la editorial Global Rhythm Press.