La actriz acaba de estrenar 'Un pequeño plan' en los cines, una fábula ecologista, como ella. | Francois Durand / GETTY

Laetitia Casta: "¡Envejecer quiere decir que no estoy muerta!"

Vuelve el icono: la modelo fetiche de Gaultier y Saint Laurent protagoniza la cápsula eco de IKKS; como actriz, interpreta a la heroína de "Un pequeño plan", una divertida fábula naturalista que dirige su marido, Louis Garrel. Hablamos con ella en exclusiva.

Ester Aguado

Todo le va bien. Medias de red y faldas de cuero, peinados años 40 y el sabio moño bajo, el largo, el corto, el rubio, el moreno, el teatro, el cine, los papeles tiernos como los más duros. Laetitia Casta se funde en sus personajes con la elegancia, la discreción, la delicadeza de la joya que adorna el turbante de un maharajá. Como la caña, se dobla pero no se rompe, afrontando sin pestañear las situaciones más paradójicas. «Es la magia de esta profesión de actriz. Observar, integrar, tragar y luego transmitir. Sin hacer gran cosa. La vida es mucho más interesante que el cine», afirma tras sus gafas de sol, natural, personal, desenvuelta. De vez en cuando nos sorprende con su risa jocosa, algo burlona. Nos descoloca al principio, pero me temo que acabaríamos siguiendo a esta bella y rebelde corsa como capitana de equipo.

Eres un icono, una top model, realizadora, actriz, militante, artista, mamá... ¿En qué faceta te sientes más tú misma?

En todas ellos y al mismo tiempo. De verdad, no podría condenarme a ser una sola cosa. No busco la perfección en cada aspecto de mi vida, únicamente ser yo misma. Lo que me gusta es desarrollarme a derecha e izquierda, hacer cosas diferentes a través de mis hijos. ¡Lo quiero todo!

Eres tan bella como fuerte, ¿eso ha complicado tu carrera?

¿Quieres decir que tengo un carácter muy español? (risas). Eso me sirvió para plantear las cosas desde un punto de vista muy feminista al principio de mi carrera, cuando era joven y no sabía exactamente lo que quería o no. Y fue importante porque me protegió muchísimo. Después, cuando ya eres una mujer que sabe bien lo que quiere, puede sorprender a veces, pero no es algo calculado o para obtener poder, sino que nace de la necesidad de libertad.

Colaboras con IKKS desde hace tres temporadas, ¿por qué con esta marca y no con otras?

Me gustan las marcas populares. Comencé en el mundo de la moda en 1993 y siempre me he vestido con firmas asequibles, que tuvieran calidad. Soy muy libre y fluctúo del lujo a la normalidad con toda naturalidad. Me gustan las cosas bellas, pero que tengan un mensaje detrás. Por eso las apoyo.

Laetitia e Yvan Bourgnon, creador de la ONG Seacleaners: a través del proyecto Manta y del apoyo de IKKS, se construirá un catamarán que navegará por los mares más contaminados para recoger casi 10.000 toneladas de plástico al año. | ikks

¿Te sientes identificada con los valores de una rebelde, que se salta los códigos, que se compromete y vive la vida con intensidad?

Siempre he sido infeliz en la norma y en la obligación de hacer las cosas porque hay que hacerlas. Fui mala estudiante. Prefería estar del lado de los tontos. No quería tener la pizarra de honor. Desde que debuté en el cine, con "Astérix", he rodado 26 películas –en 2011 la nominaron a los Cesar por interpretar a Brigitte Bardot–, pero el camino no fue fácil: ni como modelo (demasiado pequeña, muy redonda, dientes imperfectos, poco sofisticada), ni como actriz –una modelo que no sabe actuar–. Nunca he buscado construir nada: simplemente, me gusta trabajar con gente que piensa diferente.

¿La idea de IKKS de crear una colección cápsula, Free the Sea, para obtener fondos y limpiar el océano te toca dentro?

Yo nací en una isla, Córcega y en mi familia me educaron en la protección de la naturaleza y el mar, desde pequeña. Mi abuelo era guarda forestal, nos enseñó todo sobre las plantas y los pájaros y temía el fuego cada verano. Siempre que vuelvo allí, cada verano, recojo desechos y basura. Me gusta trabajar junto a IKKS porque es una firma comprometida: el hecho de hacer las prendas de la cápsula con materiales reciclados de la basura del mar es genial. El 5 % de las ventas de Free the Sea se donará a la ONG The SeaCleaners, para contribuir al proyecto de construcción del barco Manta.

¿Eres de las que se preocupa por qué hijos vamos a dejar al planeta? ¿La educación lo es todo para un futuro sostenible?

Para mí, los niños son la esperanza del mañana, los genios que van a cambiar las cosas. Tengo fe en el ser humano, siempre aporta luz en lo más oscuro.

Laetitia y su marido, el director y actor francés, Louis Garrel, vuelven a trabajar juntos en 'Un pequeño plan", ya en cines. | Pierre Ange Carlotti/Why Not Productions

Acabas de rodar con tu marido, Louis Garrel, vuestra segunda película juntos: ¿trabajar os ha unido más o es complicado?

La primera vez fue con "Un hombre fiel". Una gran experiencia. Tuve que afirmarme frente a su cámara. Hoy, cuando estoy en un set, Louis ya no es mi esposo, sino mi director y para él, yo soy actriz. Pero es muy interesante ser una pareja artística y construir cosas juntos.

Siempre has encarado tus personajes con elegancia y delicadeza, ¿qué te ha aportado Marianne en "Un pequeño plan"?

Intento mediar como madre entre un hijo ansioso y un padre fuera de sí, algo muy femenino, ¿verdad? Cuando Jean-Claude Carrière, el guionista, nos propuso la historia, antes de la covid, nos dijo que pronto no podríamos respirar... algo premonitorio. Y cuando no veíamos realista que unos niños quisieran construir un mar en África... apareció Greta Thunberg. Era un visionario. La película es una fábula ecologista sobre un adolescente que vende a escondidas algunas costosas pertenencias familiares para financiar un proyecto ecológico y salvar el planeta. Y tenemos como colaborador a Greenpeace: 1 € de cada entrada de esta divertida historia irá destinado a la lucha contra el cambio climático. Nos han dado premios como El Cine por el Clima, del Festival de Cannes (2021) o el Perlak, del Festival de San Sebastián (2021).

¿Cómo te describirías en tres palabras? Pareces pausada, un poco tímida, pero luego presumes de cinturón marrón en judo y te apasiona la velocidad de los karts...

Sensible, hiperactiva y soñadora. Soy tranquila, como los grandes tímidos. Mi fuerza viene de dentro. Soy muy silenciosa y sé que eso desestabiliza e intriga. También soy bastante obstinada.

Con 43 años y 4 niños, ¿alguna vez has pensado en volver atrás y cambiar de vida?

¡Uf! No, me llevaría demasiado trabajo empezar de nuevo... He aprendido mucho, tanto con mis aciertos como con mis fracasos. Y me gusta mi vida simple y armoniosa, sin interferencias. Cuando no trabajo, corto con todo. Primero, soy madre. Y eso es lo que más me gusta en el mundo. Sin mis hijos, me aburro.

¿Le das la misma libertad a tus hijos que la que gozaste cuando eras pequeña?

Mis padres trabajaban mucho. Vivíamos en una casa aislada en medio del bosque, mi hermano y yo estábamos solos con bastante frecuencia. Eso me hizo ingeniosa, imaginativa, humilde y curiosa. A mis hijos les dejo cuerda, es verdad, respeto su espacio, siempre que no se pongan en peligro.

Como modelo, has vivido grandes momentos con Jean Paul Gaultier, Yves Saint Laurent, has desfilado para Victoria's Secret y posado para "Sports Illustrated", ¿con cuál te quedarías?

Con mi primer casting con Jean Paul Gaultier: me eligió para mi primer desfile, fue él quien me inició. Fue tan amable conmigo, tierno y cariñoso… Me enseñó a caminar, y a partir de ahí las agencias me empezaron a llamar para otros shows y sesiones de fotos. Y comencé a enfrentarme al mundo. Como modelo aprendí muchas cosas... sobre todo a tener paciencia.

¿Qué te preocupa más: envejecer o no lograr tus sueños?

¡Pero si envejecer quiere decir que no estoy muerta!

¿Qué proyectos tienes: más teatro, más cine, más moda?

Continuaré con mis trabajos en la moda y comenzaré a grabar una película, "La felicidad es para mañana" ("Le bonheur est pour demain"), de Brigitte Sy. Soy Sylvie Paciotti, que ayudó a su chico a escapar de prisión. Una historia de amor, real. La atraparon y cumplió cuatro años. También estreno el último trabajo de Guillaume Canet, "Lui". Y el año que viene volveré al teatro: a contar la vida de la pianista rumana Clara Haskil.