“La Casa de Dostoievsky” de Jorge Edwards, Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2008

Una historia de amor, de política y de los afanes personales que mueven el mundo “El tiempo pasaba en forma rauda, entre chismes y disparates, en nombre de la literatura.

El Poeta, así, con mayúscula y de nombre incierto según el cronista-narrador-testigo de la historia, da sus primeros pasos poéticos y vitales en el Santiago de Chile de los años 50. Es un joven callado y admirado por todos los aspirantes a poeta de los cafés santiagueños. Nadie se atreve a hablarle. Es extraño, vive en la Casa de Dostoievsky, un refugio de pintores y escritores bohemios, y todos intuyen que llegará lejos. Para sorpresa de muchos, entabla amistad con Eduardito, hijo de la burguesía adinerada, que intenta escapar de un padre férreo y un futuro marcado por los intereses familiares, y con el Chico Adriazola, una especie de lord Byron en miniatura, un minúsculo personaje apasionado y vital.
Jorge Edwards (Chile, 1931)
Premio Nacional de Literatura (1994) y Premio Miguel de Cervantes (1999), es uno de los grandes escritores de la lengua española. Estudió Derecho y Filosofía, y fue miembro del Servicio Exterior chileno desde 1958 hasta el golpe de Estado de 1973. Es autor de cuentos, novelas, ensayos, memorias y un columnista muy leído en diarios de España e Hispanoamérica. Ha sido profesor visitante en universidades norteamericanas y europeas, y presidente del comité de la lucha contra la censura creado en los años de la dictadura en Chile.
Sus cuentos figuran en antologías de todo el mundo. Adiós, Poeta..., que en 1990 recibió el Premio Comillas, es un retrato personal y una evocación sorprendente de la figura de Pablo Neruda. Sus principales novelas son El peso de la noche (1964), Persona non grata (1973), que supuso la primera crítica de un intelectual latinoamericano al régimen cubano, Los convidados de piedra (1978), El museo de cera (1982), El anfitrión (1987), La mujer imaginaria (1989), El origen del mundo (1996), El Sueño de la Historia (2000) y El inútil de la familia (2005).
La recreación de toda una época
Esta es una novela sobre la poesía, los poetas y las ganas de ser poeta. Es una novela sobre una generación que aún mantenía la ingenuidad, que vivió una época de cambios sustanciales, traumáticos y quizá definitivos. Es una bellísima recreación de todo un paisaje ya desaparecido. Es la historia del Poeta, desde sus comienzos en la llamada casa de Dostoievsky, refugio bohemio del Santiago de los años cincuenta, hasta su vuelta al Chile oscuro de la dictadura de Pinochet, pasando por el París siempre mítico y alocado y la Cuba de los principios de la revolución.
Un viaje iniciático, irónico y clarividente a lo largo de unos años sustanciales para la historia de Latinoamérica y del mundo. La casa de Dostoievsky está inspirada libremente en la vida de Enrique Lihn, poeta y amigo de Edwards, y también en la propia vida del autor, y significa su vuelta literaria a la Cuba que le expulsó en los años 70 y que contempla desde estas páginas con no poca generosidad. La vuelta, también, a los tiempos de esperanza de Salvador Allende y a la ruptura traumática que significó la dictadura de Pinochet.
Escenarios temporales y políticos fundamentales para comprender la realidad de hoy en día. Jorge Edwards lanza una mirada irónica, pero también nostálgica y lúcida a la segunda mitad del siglo XX, a sus protagonistas, ángeles y demonios, o simplemente seres humanos que buscan su lugar en el mundo. Es una mirada joven con la que el autor se ríe en ocasiones de sí mismo. Una mirada sobre el amor, las ilusiones truncadas, la política en el sentido más filosófico del término y también en el más específico. La novela presente un sorprendente repertorio de personajes, y tiene la originalidad del narrador coral que se convierte en testigo de toda una época que muchas veces no consigue entender.
Un narrador que a veces no está seguro de lo que cuenta, al que incluso en ocasiones le faltan datos, como a cualquier cronista de la realidad, y con el que Jorge Edwards alcanza una autenticidad y una honradez pocas veces conseguida en una obra de ficción.
Una novela que emociona y divierte, que hace pensar y que podría considerarse como el manifiesto irrepetible de toda una generación. Imprescindible para todos aquellos amantes de la buena literatura y de la historia política de una época a través de sus anónimos protagonistas.