Joaquin Phoenix, el duro más frágil

Tiene ese halo de misterio a lo Nicolas Cage o a lo Sean Penn que tanto nos gusta. Ha logrado una nominación al Oscar gracias a Johnny Cash.

AMALIA ENRÍQUEZ

Puertorriqueño de nacimiento, estadounidense de crianza y latino de corazón. Un pasado familiar trágico lo convirtió en un ser atormentado que, después de probar todos los excesos, encontró en el cine su paño de lágrimas. Con caché de estrella, ahora interpreta a Johnny Cash en “En la cuerda floja”. Y también canta.

- ¿Ya ha conseguido sacudirse el personaje de encima?
- Llevo trabajando en esto desde los ocho años, así que cuento con mis propios trucos para liberarme de la presión que ejerce un personaje de este tipo.

- Todo un reto, interpretar a alguien cuyo recuerdo aún está muy vivo entre sus fans.
- Aún así, no lo dudé ni un segundo. Tuve claro que era mi oportunidad, que podía estar a la altura.

- Y no debe de haberlo hecho mal. Dicen que los premios le están esperando...
- Nunca trabajo pensando en ellos, pero si vienen, alimentan la vanidad, claro (risas).

-¿Todo vale, mientras consiga un papel?
- A mí, si algo me interesa, no me frena nada, iría a por un personaje hasta donde hiciera falta.

-¿Mejor si se trata de alguien atormentado y oscuro?
- Son las interpretaciones que más aportan. Yo quiero encontrarme registros que ni me imagino que tengo; lo que más me apetece ahora es crear e investigar.

- Camaleónico, misterioso, peculiar, trabajador insaciable... ¿Todo leyenda?
- Mi personalidad se escapa de los cánones tradicionales. Yo soy el resultado de una educación espiritual muy concreta y de un pasado familiar trágico que no me gusta recordar pero que marcará mi vida hasta mi muerte.

-¿Tanto condiciona la infancia?
- Lo que te inculcan de pequeño es lo que hace de ti el hombre que llegarás a ser. A mí, me educaron en la libertad en el sentido más amplio de la palabra. Desde niño, me animaron a buscar mi propio camino. Con la ayuda de mis padres fui descubriendo los enigmas de la vida y creo que he encontrando respuestas.

-¿Tiene la sensación de haberse perdido etapas importantes en esa búsqueda?
- Disfruté de todo lo que quise. Bien es cierto que hay cosas que me habría ahorrado, pero me han servido para no volver a caer en ellas. Los excesos nunca son buenos pero, por desgracia, me di cuenta cuando ya había coqueteado con algunos.

-¿Cómo es el Joaquin de ahora?
- Introvertido, circunspecto, luchador, de vuelta de muchas cosas y perfeccionista. A estas alturas de mi vida, ya conozco mis debilidades, por eso sé que aún tengo que mejorar en muchas cosas.

-¿Actuar es una necesidad?
-¡No te puedes ni imaginar hasta qué punto! Cuando estoy sumergido en la creación de un personaje soy un hombre distinto, incluso en mi trato diario. Desde niño sé que esto es lo mío.

-¿Nunca pensó que podría haberse equivocado?
- Tenía quince años y había trabajado bastante, pero los guiones interesantes dejaron de llegar, así que me fui a Latinoamérica a trabajar en una granja. Luego, surgió un buen papel y, de repente, me di cuenta de que actuar me llenaba. Me preparé a fondo para ello y... ¡Hasta hoy!

-¿Qué significó la película “Gladiator” en su vida?
- Pues, la verdad, mi reconocimiento como actor. Interpretar al emperador me ha reportado muchas satisfacciones, entre ellas, la nominación al Oscar.

- Y una fama que, a veces, puede resultar agobiante…
- No, en absoluto. Mi fama tiene aroma de reconocimiento, por lo que sabe muy bien. Me preocupa mi trabajo y lograr cada día mejores papeles. No me asusta estar en todos los proyectos importantes, ni que la gente se canse de mí. He pasado momento críticos, así que tengo muy claro que hay que aprovechar las vacas gordas.

-¿Se ha enamorado de verdad alguna vez?
- Reconozco que no soy una persona de aventuras, prefiero la estabilidad. Ya hice algunas tonterías en mi juventud. Ahora, soy más reposado pero, después de terminar un noviazgo largo, me he dado cuenta de que mi ex era una auténtica desconocida para mí. Te produce una sensación de desamparo ver que no te queda nada de ella. Y no porque la relación haya sido una farsa, sino porque todos estamos en constante evolución y cambiamos. Aún así, sigo creyendo en el amor, soy un romántico y apuesto por las relaciones estables.

-¿Cómo la que mantienen sus padres, por ejemplo?
- Sí, sin duda. Llevan toda la vida juntos, y yo aspiro a lo mismo. Somos una piña y nuestra relación es muy estrecha. Me encantaría encontrar a la persona apropiada y tener hijos con ella, pero en el momento oportuno.