Patri Cámpora | Woman.es

¿Por qué no duerme Elvira Lindo?

La escritora edita un diario íntimo de su último invierno en Nueva York. “Noches sin dormir” (Seix Barral) es una obra sincera que acaba con una sequía de cuatro años sin publicar. 

Ester Aguado | Woman.es

Confiesa que es una obra pequeñita, pero muy importante a nivel personal, porque ha estado resistiéndose a publicar: «Viví una especie de desilusión con el trabajo y no tenía demasiadas ganas de exponerme públicamente y sí de una vida más anónima. Nunca quise ser famosa, pero las cosas que hice y escribí se hicieron populares.»

¿Has necesitado ser anónima para ver el mundo de forma más real?

Totalmente. Yo escribo sobre personas comunes, que son con las que convivo. No frecuento el famoseo, ni tan siquiera ambientes literarios. Me conviene desaparecer. “Noches sin dormir” es una obra muy sincera en la que te expones mucho.

¿No te importa mostrar tu vulnerabilidad, tu intimidad?

No es un diario intelectual. Es algo más personal, pero necesitaba hacerlo para dejar constancia de una decisión: la de abandonar Nueva York. Escribirlo fue convencerme a mí misma de que no volvería a pasar un invierno allí.

Pero te expones a un millón de miradas, ahora la gente sabe cosas de ti que antes ignoraba...

Siempre escribo de una forma muy personal, que no ególatra. Forma parte de un estilo. Pero sí, ahora me verán por la calle y sabrán que tengo manías y que soy muy neurótica (risas).

¿Lo has hecho para ahuyentar demonios?

A mí nunca me ha preocupado tener algunos problemas psicológicos... no es que los mime, pero me han ayudado desde un punto de vista creativo. Incluso me han servido de escudo. Soy muy aprensiva desde pequeña y avergonzarme de ello sería absurdo a estas alturas. Hay gente peor que yo que no ha ido al psiquiatra en su vida.

¿Por qué lo has titulado “Noches sin dormir”?

Es lo que más me gusta del libro, el título. Es un reflejo de los problemas que tengo para cambiar mi mente. Me gustaría ser más soberbia para defender esta obra con más seguridad, luchar contra esa tendencia mía a sentirme a la intemperie, pero creo que somos como somos y eso no cambia. Al menos, mi vida privada está muy bien construida y tiene unos muros fuertes.

Cuentas que en Nueva York visitabas a un psiquiatra en Queens... ¿te has enganchado al psicoanálisis?

Es que no podría. Cuando he ido a un especialista ha sido por problemas de sueño, pero sería del todo incapaz de contarle mi vida a alguien extraño... Yo soy más de preguntar. A mí, la observación del mundo me consuela más que hablar, porque me vacía la mente. Yo sostengo la frase de Woody Allen: «Si hubiera sabido que existía el Prozac, no hubiera malgastado tantos años con el psicoanálisis» (risas). A estas alturas de la vida, una conversación con alguien a quien quieres me resulta mucho más reconfortante.

¿Eres una persona feliz?

A ratos. Es verdad que no tengo razones para quejarme, pero tengo muchas sombras en mi vida, cosas que me preocupan y que son objetivas, que no son producto de mi ansiedad.

¿Lo más duro de escribir un libro es promocionarlo?

No. Lo más duro es escribirlo (risas): seguir una disciplina, corregirlo, presentarlo en la editorial. Todo el proceso es un trabajo arduo. En la promoción solo me preocupa concentrarme para no decir demasiadas tonterías y tener fe en que el periodista edite bien mis palabras.

Cuando estás de gira, ¿sigues escribiendo?

Claro, tengo que entregar un artículo cada semana. El último lo escribí en la recepción de un hotel de Praga, con un teclado bastante diferente al que estoy acostumbrada... Y siempre lo hago bajo presión, porque escribo un par de días antes para que el tema sea actual.

En estos cuatro años de sequía, ¿no has pensado en volver a trabajar en la radio, donde empezaste (Radio 3)?

Sí, pero ¡nadie me ofrece nada! (risas). Ahora estoy colaborando con Carles Francino (SER), pero como invitada o experta en algo. No me importaría conducir un programa semanal. Me encanta.

Has reivindicado muchos años el humor, poco valorado...

Me hace gracia lo de literatura comprometida... Oye, yo me he comprometido a hacer reír a la gente.

¿Y ahora qué, otros cuatro años?

Ayer decidí que me jubilaba del periodismo en dos años. Me gusta, pero me crea mucha tensión. Me dedicaré a escribir cuentos antiguos, de los que se leen por la noche. Escribir algo que me guste y con lo que viva cómodamente. Me lo pide el cuerpo.