Nadia de Santiago y Álvaro Cervantes protagonizan 'El tiempo que te doy', que se estrena en Netflix el 29 de octubre. | TXUCA PEREIRA/NETFLIX

¿Por qué deberías ver 'El tiempo que te doy', la serie de desamor más realista de Netflix?

Nadia de Santiago y Álvaro Cervantes protagonizan un drama en el que muchos nos podemos ver reflejados

Noelia Murillo

En la era de la inmediatez y la grandilocuencia, donde deseamos consumir cualquier tipo de contenido que demuestre una autoría artística exagerada o donde la estructura de las películas y la composición de sus planos absorben al espectador, también encontramos producciones que van más allá de títulos premiados o estrellas de Hollywood.

A pesar de que no son pocas las películas que conforman la cartelera y albergan inversiones millonarias detrás, hay un detalle que como personas no pasamos por alto. Y sí, hablamos de personas porque, a pesar de que somos el destinatario final de estos contenidos, quienes los consumimos, en muchas ocasiones se nos olvida que lo que más nos puede llegar es precisamente aquello por lo que ya hemos pasado.

Ese, entre otros, es uno de los motivos por los que 'El tiempo que te doy' está causando sensación en Netflix. La serie, protagonizada por Nadia de Santiago (que también figura como creadora, junto a Inés Pintor y Pablo Santidrián) y Álvaro Cervantes se ha consolidado como una de las producciones más vistas de la plataforma en lo que va de año.

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En ella, se cuenta la historia de Lina y Nico, una pareja en apariencia feliz que se separa tras nueve años de relación. A lo largo de sus diez episodios que no superan los 13 minutos (otro de los motivos por los que ha enganchado a todos aquellos que optan por el consumo rápido, pero de calidad) se entremezclan escenas del pasado y del presente para conocer el por qué de este final abrupto e inesperado.

Se trata de una historia de amor corriente y ordinaria, sin que eso desmerite a la serie. Todo lo contrario: demuestra que las historias de amor no son perfectas, que de las imperfecciones siempre se consiguen extraer detalles que se convierten en virtud y que cuando éstas empiezan y acaban, a veces, hay que dejarlas ir.

Porque no hace falta más que echar mano de los clásicos del cine para saber que no siempre funcionan las cosas por mucho empeño que le dediquen sus protagonistas. Rick e Ilsa, en 'Casablanca', son el ejemplo perfecto de que hay historias de amor que están destinadas a no funcionar y, aún así, no dejar un rastro pesimista o artificial. También lo demuestra una producción más reciente, como 'La desaparición de Eleanor Rigby', protagonizada por Jessica Chastain y James McAvoy.

Al igual que en esta producción de casi tres horas dirigida por Ned Benson, en 'El tiempo que te doy' se narran las experiencias personales de sus protagonistas desde diferentes puntos de vista. Gracias a esta diversidad de perspectivas, de Lina, su padre y Nico, se comprenden distintos procesos de duelo que se contraponen y, a la vez, se complementan entre sí para convertirnos en espectadores de un episodio vital con el que muy fácilmente nos podemos sentir identificados.

Porque ese es el cine y, en este caso, las series: ver a otros en nuestro pellejo, conocer cómo resuelven conflictos y se enfrentan a situaciones por las que nosotros, como espectadores y personas, ya hemos pasado y saber el modo en que llegan a la conclusión de cuáles deben ser sus próximos pasos y objetivos. El dolor y el desamor no se cuentan, se viven. En definitiva, el séptimo arte y la vida no encuentran tantas diferencias, por muchas grandes producciones que nos quieran demostrar lo contrario.