La muñeca asesina de la serie coreana 'El juego del calamar' (Netflix), en su actual ubicación en el museo de carruajes Macha Land. | D.R.

La muñeca asesina de ‘El juego del calamar’ existe… ¡Socorro!

En el primer capítulo de la superexitosa serie coreana de Netflix, una muñeca-robot de gran tamaño asesinaba con la mirada a los concursantes que se movieran fuera de turno. Malas noticias: la muñeca existe, está más ligada de lo que parece a la infancia coreana que tan terroríficamente subvierte ‘El juego del calamar’ y están surgiendo réplicas a toda velocidad. Socorro.

Rosa Gil

Si, como tantos otros losers, te vestiste para Halloween de concursante de ‘El juego del calamar’, a estas alturas ya te habrás dado cuenta de que te estrellaste con el modelito. Los chicos molones tiraron de pensamiento lateral (sí, ese que te hace sobrevivir en un reality show asesino) y se marcaron un disfraz de muñeca gigante. Seguro que la recuerdas, tanto despierta como dormida: era la protagonista (y ejecutora) de la primera prueba de la serie, en la que cientos de concursantes jugaban a una versión letal del escondite inglés con sangrientos resultados. Nuestra Cristina Pedroche fue una de las primeras en ver que la muñeca tenía madera de estrella. También lo pilló al vuelo una de las actrices de ‘El juego del calamar’, Lee Yoo-mi, que encarnaba a la concursante número 240 y que celebró Halloween con un adorable/inquietante pichi naranja, polo amarillo, coletas y expresión seria y falsamente inocente (ya no nos fiamos de nadie, ¡gracias, juego del calamar!). Dos cantantes, Lizzo y Lisa -del grupo de K-pop Blackpink- también optaron por encarnar a la muñeca, dejando a todos los portadores de chándal verde en evidencia, por mucho que llevaran las Vans reglamentarias (y agotadas) para la ocasión.

Un momento del episodio 'Luz verde, luz roja', de la serie coreana 'El juego del calamar' (Netflix). | Netflix

Puede que la muñeca no sea el elemento más pavoroso de ‘El juego del calamar’, pero fue nuestro bautismo de fuego (en varios sentidos) en la dinámica de la serie, y, además de haber subido de forma inmediata al Olimpo de los muñecotes terroríficos (hola, Annabelle y Chucky), cuenta con un punto extra de yuyu por existir en el mundo real. Tranquila, que no va por ahí mirando mal (en el peor sentido) a cualquiera que mueva un párpado cuando no debe. La inquietante muñeca gigante, de tres metros de alto, “vive”, retirada ya de la interpretación, en la entrada de un museo rural. Tú misma puedes comprobarlo, si no te va muy mal volar a Seúl, conducir tres horas hasta Chungcheong del Norte, buscar el condado de Jincheon-gun y preguntar a alguno de los amables transeúntes por el museo de carruajes de Macha Land.  

Aunque algunas noticias apuntan a que los productores de ‘El juego del calamar’ pidieron prestada la muñeca al museo y la han devuelto tras el rodaje (con una mano de menos, cosas del show business), la versión más probable de su origen es la que relatan diversos medios coreanos: que la productora de la serie mandó construir la muñeca específicamente para su aparición en 'El juego del calamar' y que la "jubilaron" después al museo de Macha Land.

Libro de texto coreano de los años 70, con el personaje en el que se inspira la muñeca asesina de 'El juego del calamar'. | Netflix

Fuera de la arena de juego y sin francotiradores y concursantes confusos a su alrededor, esta grandísima actriz tiene un aspecto menos amenazador y más próximo al de una Heidi con coletas. Y esto no es casual. Porque, en realidad, está inspirada en un personaje infantil que todos los coreanos de cierta edad conocen: Younghee, una niña que protagonizaba (con su compañero de aventuras, Chulsoo) los libros de texto de los pequeños coreanos en los años 70 y 80, algo que resulta muy significativo en una serie que convierte juegos infantiles en imposibles pruebas de supervivencia. Imaginaos cómo os sentiríais si una versión gigante de Teo o Pocoyó (aquí nos dirigimos a boomers y a millennials por igual) nos amenazara con la muerte fulminante y su indiferencia absoluta en el mismo pack.

Younghee se ha convertido en un fenómeno a bordo de la fiebre cefalópoda (‘El juego del calamar’ es ya la serie más vista de Netflix en toda su historia) y las réplicas de niñas con pichi y ojos escrutadores proliferan como champiñones coreanos. Seúl ya ha colocado una en el Parque Olímpico de la ciudad, que juega con los transeúntes a la versión tradicional e inofensiva del escondite inglés. En Sídney ha aparecido otra, con similar función promocional. Pero nuestra favorita (y, sospechamos, la de la muñeca original) es la de Manila: ubicada en un centro comercial, observa a los peatones que cruzan por un paso de cebra y se vuelve, ojos rojos en ristre, hacia quien lo haga incorrectamente. Esperamos, eso sí, que la cosa se quede ahí.