De puertas adentro

La cita fue a las 20:30 horas, pocos años atrás. Mercedes Salisachs reúne a un pequeño grupo de amigos para hablar de la buena salud de sus libros. Un mayordomo nos guía por la casa señorial, plagada de cuadros, fotografías y recuerdos, hasta la terraza interior, en pleno Paseo de Gracia. Hay una gran pérgola cuajada de flores; bandejas con tortilla de patatas y otras delicias caseras. Mercedes comenta que lo han preparado todo en casa, como ha hecho siempre. Con delicadeza y más ganas de gustar que de impresionar con un catering de altos vuelos. Está pendiente de todos y feliz porque sigue escribiendo, ella, a la que tanto le costó que la tomaran en serio por ser burguesa. Observadora menuda y atenta, nunca escribió por capricho; escribe por vocación, porque sabe y tiene muchas cosas que decir. «¿Se van ya?» Susurra cuando la luna ha recorrido mucho trecho. Que siga igual, señora.