De profesión, cooperantes

No se ven como heroínas, sino como luchadoras. Cuatro mujeres que decidieron dedicar su vida a causas altruistas nos cuentan por qué les compensa su trabajo.

Isabel Loscertales

MAITE MOMPÓ
MARINERA DE AGUA VERDE
Desde pequeñita, cuando veía en la tele a los activistas de Greenpeace enfrentándose a los balleneros, supo que quería ser como ellos. Maite Mompó nació en Albacete hace 42 años y, desde hace tres, vive a bordo del Rainbow Warrior, el buque insignia de la organización ecologista. Algo que defi ne como un gran honor. Compagina labores marineras con la participación activa en sus apasionadas campañas, un trabajo especialmente duro cuando hay que soportar días de temporal. Según Maite, para dedicarte a esto «tienes que saber el límite de tus capacidades, porque haces cosas arriesgadas, pero no hay que ser un súper héroe. Se resume en ‘querer, es poder’ y, a mí, mi cuerpo me pide luchar por un mundo mejor». La tripulación cuenta con 15 personas (30 en campaña), que conviven durante unos tres meses para luego descansar otros tres en tierra. Es feliz así. «No hay vuelta atrás. Tengo muchos proyectos y ninguno tiene que ver con una vida convencional. Esta es mi forma de vivir.»
AURORA REVUELTA
VOCACIÓN HUMANITARIA
Estudió Medicina pues siempre le interesó el ámbito humanitario. Esta asturiana de 39 años colabora con Médicos Sin Fronteras desde los 17 y actualmente es su Coordinadora Médica en Darfur (Sudán). Habla con emoción de su labor: «No somos santos pero nos mueven las ganas de pelear por un mundo más justo. Debería ser obligatorio para todos pasar unas semanas viendo qué es la vida para la mayoría de la
humanidad, veríamos las cosas de otra manera.» Vivir así obliga a asumir diferencias culturales y a renunciar al confort. Pero se siente afortunada: "Mi novio es mi jefe y no nos separamos desde hace 5 años. Tener hijos no será fácil, pero es cuestión de adaptarse".
ARIANE ARPA
DIRIGIR UNA ONG
Desde su cargo coordina la presencia de Intermón Oxfam en más de 48 países, en los que se desarrollan 300 proyectos y donde trabaja un equipo que supera las 2.000 personas (un 75% de ellas, voluntarias). Ariane Arpa es, a sus 44 años, la directora general de una de las principales ONG’s en España. A la cuestión de si en su mundillo hay desigualdad de sexos, responde que «la cooperación es un sector con mayoría de mujeres, por lo que el problema se plantea de manera diferente: el riesgo es más bien que la solidaridad no sea vista como un ‘asunto de mujeres’. Sin embargo, en determinados niveles de responsabilidad, lo tiene más fácil un hombre». Después de licenciarse en Ciencias Políticas y Filología Árabe, Ariane decidió orientar su carrera
hacia la solidaridad, por lo que ha conocido en primera persona muchas zonas en conflicto. «No siempre son éstas las situaciones más dramáticas –asegura– la pobreza que no sale en los medios de comunicación es a veces aun más terrible. Mi recuerdo más triste es el de unas comunidades indígenas, en Paraguay, que fueron expulsadas de sus tierras y vivían en la cuneta en una precariedad terrible.» Tras recordar que Darfur continúa siendo una de las emergencias del planeta, nos habla de la cara amable de su trabajo: «Ver a personas que en medio de una situación dramática todavía son capaces de reír y de pensar en el futuro, te enseña a valorar mucho más todo lo que tienes y a relativizar los pequeños problemas de cada día.» Se acuerda con cariño de Victoria, una mujer analfabeta de Mozambique que, gracias a un proyecto de Intermón Oxfam, ahora es empresaria y da trabajo a 200 personas.