Carla Simón ha logrado el Oso de Oro en Berlín por "Alcarràs". | David Ruano

Carla Simón: «Me fijo en cosas muy humanas»

La cineasta Carla Simón estrena la película que le concedió la gloria en la Berlinale: "Alcarràs". Una brillante mirada al mundo rural y agrícola.

Isabel Loscertales

Ha hecho historia al convertirse en la primera directora española en ganar un festival de clase A. Carla Simón (Barcelona, 1986) ya fue aupada por el Festival de Cine de Berlín con su ópera prima "Verano 1993", un filme autográfico y conmovedor. Que cinco años después se haya hecho con el Oso de Oro gracias a una ficción rodada en catalán, con actores no profesionales y con una historia tan local como la de una familia de agricultores de un municipio de Lleida resulta admirable. Cercana y dulce, Carla nos explica los entresijos de la película.

Has comentado que tu familia cultiva melocotones en Alcarràs, pero ¿en qué momento decides que eso tiene potencial para convertirse en una película? ¿cómo nace exactamente la idea?

Cuando murió mi abuelo. Es un momento que me hace reflexionar y en el que pongo en valor su vida y su legado. Alcarràs, adonde he ido de vacaciones desde pequeña, es un sitio que siempre me ha fascinado. Luego me influyó la crisis de los pequeños agricultores, que cada vez les cuesta más vivir de su trabajo y tener una vida digna. No hay relevo generacional, el oficio de cultivar la tierra en familia, que casi es lo más viejo de la humanidad, está desapareciendo. Mis tíos, aunque les apasiona su trabajo, se quejan todo el rato y no quieren que sus hijos sigan. Pensé que ahí había algo.

En tu película se ve la grave problemática de la agricultura: les pagan quince céntimos por un kilo que les cuesta 30 céntimos producir. ¿Tiene difícil solución?

Tiene difícil solución pero, a la llegada de Berlín, nos recibieron en la Generalitat y el actor que hace de Quimet dijo algo en lo que tiene mucha razón: “si podemos ponernos de acuerdo para fijar un precio para las mascarillas, por qué es tan difícil fijar un precio para un kilo de melocotones”. La fruta dulce es un mercado complejo, fluctúa mucho… Los agricultores saben hablar de economía de una manera muy bestia: lo que pasa en el mundo les afecta cada día en el precio de su fruta. Es difícil pero sí se podría solucionar fijando un precio mínimo. Al final la única manera de sobrevivir es teniendo mucha tierra, el pequeño agricultor no puede sobrevivir con esta incertidumbre. Lo que ellos piden es un precio fijo justo. Si en otros ámbitos se ha hecho, entonces es posible.

Y películas como la tuya pueden ayudar a concienciar.

Ojalá (risas).

Los actores no profesionales protagonistas de "Alcarràs". | Cortesía Avalon

“Verano 1994” es autobiográfica y “Alcarràs” es ficción, pero ambas se centran mucho en las relaciones familiares, ¿por qué te atrae tanto ese tema?

En realidad, creo que es porque vengo de una familia muy grande, con muchos tíos y primos de cada lado, con muchas ramas, porque tengo la familia de mis padres adoptivos y la de mi padre biológico. Mi deseo era retratar lo que es formar parte de una gran familia donde pasa algo que afecta a todo el mundo y, aunque cada loco con su tema, todas las energías se tocan. Hay una especie de efecto dominó. De ahí también la idea de coralidad, porque podía ser solo la historia del “padrí” (abuelo, en catalán), o de Quimet o de Roger, pero me parecía más interesante retratarlo de manera transversal, con todas las generaciones.

¿Cuál de los personajes te ha gustado o emocionado especialmente?

Para mí el personaje de Mariona es muy importante porque es el reflejo de mis ojos. Yo tengo mucha conciencia de ese momento, entre los doce y catorce años, cuando aprendí a mirar a la familia. Aún no sabía nada de cine, pero fue el inicio de querer contar historias. Aunque es el personaje con el que más me identifico, luego yo disfruto mucho dirigiendo a los niños. Y retratar al “padrí” ha sido muy emotivo por lo que te contaba de mi abuelo. Acabamos escogiendo a un señor que se le parece físicamente. Además, él conocía a mi abuelo. Ha sido como hacer volver a mi familia. La configuración familiar no tiene nada que ver con la mía y la inventamos con Arnau Vilaró, el coguionista (también él es de una familia de agricultores de Bellvís, cerca de Alcarrás). Entre la familia suya y la mía creamos algo ficticio.

El “padrí” tiene mucho que ver entonces con tu abuelo.

Su alma y su espíritu sí; no la historia. También se parece mucho al abuelo de Arnau. Tiene mucho que ver con esos señores mayores que ya se han retirado pero que siguen queriendo ayudar en el campo. Este señor es, en realidad, agricultor, también ser representa un poco a sí mismo.

¿Por qué decides trabajar con actores no profesionales y de la zona de Alcarràs?

Por varias razones. Era un casting de niños y adolescentes, con lo que ellos ya iban a ser “no actores”. Y luego me parecía muy interesante que los agricultores lo fueran de verdad porque es algo que se nota: en las manos, en la piel, en cómo sube a un tractor… Estábamos abiertos a ver a actores, pero era importante el dialecto de la zona y no tener que fingirlo. No hay tantos actores procedentes de esta zona. Vimos a alguna actriz, pero acabó gustándonos más la gente que no había actuado nunca. Aparte de mi hermana, que es actriz y ella es la que hace del personaje de Glòria, que viene de fuera. Al venir de fuera está justificado ese acento un poco roto. Mi hermana conoce mi dinámica de trabajar con actores naturales y estaba súper integrada. Fue una experiencia intensa pero muy bonita. Con mi hermana hay muchas cosas que las entendemos sin hablarlas.

Carla Simón comiendo un melocotón durante el rodaje de "Alcarràs". | Lluis Tudela

Ahora que ha pasado algo de tiempo desde que ganaste el Oso de Oro en Berlín, ¿cómo recuerdas ese día?

Muy intenso. Fue un festival muy exprés. Estrenamos el martes y el miércoles ya era la gala. El martes por la noche nos llamaron y nos dijeron que nos teníamos que quedar. Nosotros aún estábamos procesando cómo había ido el estreno, que fue muy bonito a pesar de todo lo del covid. Ese miércoles tuve entrevistas todo el día, no tuve tiempo de pensar. Una vez en la gala, iban dando premios y cada vez quedaban menos Osos. Hasta que quedó uno y dijimos “a lo mejor se han equivocado”. Fue todo muy rápido, intenso y fuerte. Y muy guay porque había mucha gente del equipo.

¿Por qué crees que ha triunfado una historia tan local?

Para mí es difícil de entender. Después, hablando con el jurado, me decían que al ver los créditos se dieron cuenta de que no eran una familia de verdad, les había parecido que sí. Les pareció muy fuerte que hubiésemos conseguido esa gran intimidad entre actores que no eran actores. Hay algo con toda esta gente que retratamos que, al final, es muy universal. Por más que sea una historia muy local, todo el mundo tiene una familia y la agricultura en crisis está en todos los países del mundo. Nuestra idea con la peli siempre era hacerla desde lo íntimo, pero con un puntito más político y abierto. Es decir, queríamos hablar de algo específico pero que tocara a mucha gente. Los problemas que tienen en Lleida seguro que se pueden trasladar a otras partes de Europa. Cómo la gente conectaba y entendía la historia me pareció muy bonito y sorprendente.

Fue un premio otorgado por unanimidad, ¿qué te dijeron los miembros del jurado cuando hablaron contigo, qué les había gustado o sorprendido de tu película?

Me contaron que fue la última película que vieron y que no había duda. El presidente opinó que debía ganar el premio grande y todo el mundo estuvo de acuerdo. Me hacían preguntas, lo que no deja de ser sorprendente. Tratándose de gente que admiro, se hace muy raro (risas).

¿Cómo estás viviendo esta visibilidad que estáis alcanzando las mujeres cineastas?

Me ha hecho pensar. No me había dado cuenta hasta que este año vi que todos los festivales grandes los habían ganado mujeres. Una de las felicitaciones más bonitas que recibí fue de la hija de Agnès Varda. Me mandó un mail para felicitarme y me decía lo contenta que estaba porque las mujeres habíamos llegado al cine para quedarnos. Me hizo dar cuenta de la importancia de las de antes. Claire Denis no había ganado ningún premio en ningún festival de clase A en su vida y es un gran referente para muchas de nosotras. Lo del “metoo” no es una moda, es algo que está aquí para quedarse. Aunque no está arreglado: una cosa es la visibilidad que estamos teniendo –había muchas ganas de que las mujeres contáramos historias-, pero aún no estamos en paridad en absoluto y hay que seguir trabajando, aunque creo que estamos en el camino.

¿Por qué te incomoda que digan que lideras una nueva generación de cineastas españolas, en la que caben nombres como Clara Roquet, Pilar Palomero, Belén Funes…?

Porque creo que yo no lidero nada. Ellas ya estaban ahí, tenemos la misma edad. Y es más, creo que antes hay otras. Yo siempre reivindico a Mar Coll. Para mí “Tres días con la familia” fue muy importante. Al año siguiente de estrenar “Verano 1993” estaban Arancha, Clara, Pilar, Belén… todas ellas estaban preparando sus proyectos cuando yo estaba preparando “Verano”. Yo creo que es algo en lo que vamos todas juntas. Y si hay una punta de lanza, esa es Mar Coll, entre otras.

¿Cuándo supiste que te dedicarías al cine?

Lo ví claro en primero de bachillerato. Quería hacer periodismo, pero hice una asignatura en el bachillerato artístico que se llamaba Imagen, nos ponían pelis y las comentábamos. Ahí ví “Código desconocido”, de Michael Haneke. No fue solo por la peli, sino por el debate que generó después: me hizo ver todo lo que había detrás de una película si la reflexionabas. Salí de ahí pensando en el poder del cine para contar cosas de manera sutil. Yo no había visto mucho cine, en mi casa no veíamos mucha tele, más allá de alguna peli de Disney…. Fue en ese momento de adolescente que pensé: “quiero seguir viendo cine y experimentando”. No me podía permitir una escuela de cine e hice comunicación audiovisual. Poco a poco fui aprendiendo.

Se habla mucho y con razón de tu sensibilidad, ¿eres una persona especialmente sensible? ¿Sería esa tu máxima cualidad?

Qué es la sensibilidad. La sensibilidad son muchas cosas. No soy por ejemplo una persona que llore todo el rato. Me cuesta muchísimo llorar. Para mí la sensibilidad tiene más que ver con en qué te fijas en la vida. Y yo me fijo en la gente –me gusta mucho la gente-, en sus gestos, en sus relaciones… Me fijo en cosas muy humanas.