Camarón aún suena

La película sobre la vida y el arte del revolucionario ‘cantaor’ seduce.

Rubén Romero

Era de esperar que, pese a lo inmenso y complejo del personaje, alguien se atreviera a rodar una biografía de Camarón de La Isla. Su vida cuenta con suficientes alicientes como para hacerla atractiva a cualquiera. Orígenes humildes, obra revolucionaria, coqueteos con las drogas, muerte prematura…

Elementos todos ellos que conforman lo que se da en llamar un mito. José Monje fue siempre Camarón para su humilde familia gitana. Huérfano desde chico, la precariedad le llevó a ser un cantaor precoz, y a viajar de adolescente a Madrid, donde asimilaría la tradición en el tablao de las Torres Bermejas. Allí conoció a Paco de Lucía. La química entre los dos grandes genios flamencos fue instantánea. Diez discos, entre 1968 y 1977, sellaron esta alianza artística.

Hasta que llegó el trabajo que cambiaría para siempre la historia del flamenco: "La leyenda del tiempo". Corre 1979, y Camarón revoluciona la tradición al introducir, junto a los canónicos palmas, guitarra y cante, los sonidos de bajo, batería, flauta, sintetizador y cítara. Dicen que los gitanos viejos devolvían indignados este disco dedicado a Federico García Lorca.

No gustó a los mayores, pero los jóvenes lo adoraban. Es el punto de partida del Nuevo Flamenco de Ketama, de la mezcla de rock y blues de los Amador, y también, innegablemente, de la vulgarización de la tradición flamenca en versiones pop con más cara que corazón. Camarón y Paco vuelven a encontrarse en "Como el agua", y Camarón pasa de genio minoritario a personaje pop.

El aplauso del público viene acompañado de sus momentos más duros, cuando en sus cuerdas vocales retumban no sólo la poesía, sino también sus luchas contra sus demonios personales: las drogas, la muerte y la familia. Para la película, que se estrena este mes, se ha contado con Jaime Chávarri, todo un experto en estas lides; y con el actor Óscar Jaenada ("Noviembre") .

Chávarri ha dicho que «no sé como era Camarón ni me ha interesado saberlo». También que cuando lo oyó cantar «me atrapó». Jaenada, en la piel del cantaor, se muestra voluntarioso. Jaime Cháshy;varri asegura que en algún momento «parecía que Óscar estuviera poseído».

Verónica Sánchez, en el papel de La Chispa, inseparable compañera del genio, cumple de sobras. Nada que echarles en cara ni a director ni a actores, excepto que tal vez sea aún demasiado pronto para homenajear a un artista cuya grandeza crece día a día.