En su refugio Antonio Gala pasa largas temporadas en su preciosa casa de Alhaurín el Grande (Málaga). Eligió esa localidad porque soñó con su nombre, le gustó la finca porque le recordaba a la Toscana y la bautizó ‘La Baltasara’, el nombre de una actriz de teatro del Siglo de Oro. Curiosamente, la compró para dejar el teatro y escribir novelas.

Antonio Gala, redescubriendo el amor

El escritor, a punto de publicar ‘Los papeles de agua’, nos recibe en exclusiva en la intimidad y el silencio de su finca malagueña, La Baltasara, reservada a muy pocos.

ISABEL LOSCERTALES

Sorprende verlo tan pizpireto, impecablemente vestido, perfumado –con Savage Extreme, de Dior–, y hablando sin pausa, con coquetería y con un gran sentido del humor. No soporta que se le trate de usted y se enfada si te equivocas: «¡Me ves como a un viejo!» Aunque él no quiera reconocerlo, a sus 78 años, es todo un seductor y –esto sí puede admitirlo–, un maestro a la hora de hablar del amor. Lo vuelve a demostrar en su nuevo libro ‘Los papeles de agua’ (Planeta), a la venta el 4 de septiembre. Para charlar sobre él y con dotes de gran anfitrión, nos abrió las puertas de La Baltasara, un privilegio que reserva a solo unos pocos.
En ‘Los papeles de agua’ presenciamos la derrota y el posterior resurgir, gracias al amor, de la escritora Deyanira Alarcón. ¿El amor nos devuelve las razones para vivir?
Yo creo que el amor hace morir y vivir, estremecerse… Todo. Yo creo que el amor es el verdadero protagonista de la vida, pero lo curioso de esta mujer es que su vida es tensa, no se relaja jamás.
Eso nos pasa a muchas cuando nos enamoramos, no sabemos estar relajadas…
Eso es tremendo, porque parece que ya lo has conseguido y, sin embargo, sufres, de otra manera, pero sigues sufriendo… Yo lo entiendo porque el amor es tensión, sobre todo en el caso femenino. Este libro es un buen estudio de la mujer, por eso me sorprende cuando alguien me dice: pero eres más tú que nunca que en ningún libro… no, no, hay una cosa femenina de entrega al amor.
¿Somos entonces más entregadas las mujeres?
Somos como un edificio y el hombre dedica al amor una habitación, lo demás es para el bricolaje, para los niños, para los amigos, para el trabajo… la mujer tumba todos los muros y deja que el amor lo inunde todo… La mujer es mucho más capaz de amar que el hombre, mucho más dada, mucho más generosa y espléndida. Es así por naturaleza.
¿No lamentas cómo ha cambiado el concepto del amor?
Absolutamente, tenemos miedo al amor, a enamorarnos. Nos enamoraríamos un poquito, pero abrir las puertas al amor y que el amor reine en tu casa, eso es como si te atracaran. Ya no hay nadie con suficiente valor como para eso.
Hablas en tu novela del tercer sexo, aquellos cuya belleza solo se puede mirar pero no tocar, como un artículo de consumo. ¿En quién pensabas y qué opinión te merecen?
Es el que más gusta ahora: los modelos, los chicos guapos, los futbolistas… lo que quieren es seducir, no ser seducidos. Como Narciso. Yo no los puedo ver, porque es algo ajeno al sexo, es la personificación de lo hermoso, pero su hermosura es una especie de cebo para atraer, pero no para consumir. Esto es una cosa totalmente nueva.
Es fácil identificarse con la protagonista. ¿Cómo has llegado a conocer tan bien cómo piensa y siente una mujer?
Adoro a las mujeres. Mis principales amigos han sido mujeres, he hablado mucho con ellas y sé lo que es el amor para ellas. El hombre sabe que ama menos que la mujer, y que él tiene más fuerza. Cuando la mujer dice: «hasta aquí», él ejerce su único poder. Así nace la violencia de género.
Siempre hablas de que hay quien vive para amar o quien vive para ser amado. ¿Tú eres amante o amado?
Inventé el juego en una fiesta de la actriz Analía Gadé, con 60 personas cada una de su padre y de su madre. Para evitar que la cena fracasara, propuse jugar al amante y el amado: al final nos hicimos todos amigos. Yo creía que Platón pensaba en mí cuando habló del amor... Pues salió por unanimidad que yo era «amado». Y es cierto. Pensé: «Este juego es una mierda, me voy a mi casa.» Toda la vida pensando que era el amante elegido por los dioses y resulta que era amado. Pensando, me di cuenta de que era un amado que tomaba actitudes de amante, un amado exigente, como Deyanira. Es lo que me une al personaje: la insatisfacción.
¿Te has enamorado muchas veces a lo largo de tu vida?
No, no, y ahora hace ya mucho tiempo que he cerrado la cuenta. El amor es para mí un objeto de deseo pero lejano, como quien está plácidamente esperando que amanezca y sabe que la luz hermosea el paisaje, pero que la noche es buena también.
¿Qué cosas te enamoran de una persona?
En mi bolsa particular han estado a la cabeza de las cotizaciones la inteligencia, la belleza y ahora la alegría. La alegría lo resume todo, porque una persona alegre es bondadosa y hermosa.
A punto de cumplir 79 años, ¿cómo vives esta etapa?
Estoy solo en esta enorme finca que verdaderamente me llena, con mis perrillos, y el hecho de saber que estoy cumpliendo mi destino me satisface. Como me satisface saber que mis cenizas serán enterradas en los jardines que rodean mi Fundación de Jóvenes Creadores, en Córdoba, junto con los de la Dama de Otoño, que ahora ya puedo decir que era la condesa de Zumaia, tengo sus cenizas en mi casa. Me gustaría que pusieran una plaquita: «Antonio Gala. Murió Vivo.»
¿No tienes miedo a la muerte?
No, ninguna. Además, creo en la desaparición total. He sobrevivido a dos muertes clínicas, la tercera será sencillamente una muerte sin apellido.
¿En qué consiste ahora tu rutina?
Paseo con los perrillos por la mañana, luego estoy en la piscina, leo los periódicos al sol, tomo nota de lo que voy a hacer en La Tronera y me pongo a leer y a escribir. Me han diagnosticado cansancio ocular pero, a mí qué me importa, que se me caigan los ojos, yo no puedo estar sin leer ni escribir.
Pasión en Venecia
‘Los papeles de agua’ recoge en primera persona las reflexiones y vivencias de Deyanira Alarcón, una escritora que se refugia de su fracaso sentimental y literario en la ciudad de los canales, donde se enamorará de Aldo. Muchos la compararán con su best-seller ‘La pasión turca’.
Sus ‘perrillos’
El amor de Gala por sus perros (a los que llama «mis perrillos») es de sobras conocido gracias a su libro ‘Charlas con Troylo’. Los adora como si fuesen sus hijos y no deja de citarlos constantemente. Mimados y revoltosos, Mambrú, Ariel y Rampín nos animaron el final de la sesión. ¿La curiosidad? Ariel es hijo de la cocker spaniel de la Reina Sofía.