Ángela Becerra radiografía los sentimientos

La autora colombiana afincada en España nos abre las puertas de su casa barcelonesa y, también, de su mundo interior. En su último libro aboga por la libertad de emociones.

Isabel Loscertales

Vive cerca de Sant Cugat (Barcelona), en una luminosa casa de diseño con jardín, donde todo esta a punto para una comida equilibrada: gazpacho con bogavante, pescado fresco y un postre de chocolate. Ángela habla con la dulzura de su acento colombiano, que aún conserva orgullosa 20 años después, y se mueve ligera, con un aspecto juvenil que no ha perdido a sus 52 años. Viste de blanco impoluto durante el verano, su estación favorita, y en invierno se refugia en su ‘santuario’, el estudio donde ha gestado su última novela, ‘Ella, que todo lo tuvo’ (Planeta).
Una escritora guapa y que viene de la publicidad, ¿tiene menos credibilidad?
El que yo viniera de la publicidad me ha servido para darme rigor, te sientas y tienes que crear, no puedes permitirte el lujo de decir: «No estoy inspirada, no hago nada.» En cuanto a la belleza, todavía hay estigmas, la mujer guapa parece que no pueda ser otra cosa sino guapa, creo que ha sido más un freno que una ayuda. Pero al final todo
cae por su peso, así que no me quita el sueño.
La soledad es uno de los principales temas de tu novela, ¿eres una persona solitaria o social?
Yo soy solitaria total. A veces tengo que luchar para conseguir un rato de soledad, porque suelo estar acompañada siempre. El estar solo con uno mismo te lleva a observarte, a comprenderte mejor, a estar más contigo. Implica mirarte al espejo,
por eso a mucha gente no le gusta.
¿Cuándo encuentras esos momentos?
Cada día salgo hora y media a correr y para mí es uno de los momentos más agradables, porque aprovecho para pensar, y para mí eso es una terapia: si estoy mal quiero saber por qué lo estoy. También hago yoga y meditación.
Pero pasas por un momento dulce, tú no estás en crisis...
Yo tengo unas crisis interiores terribles. Soy muy ‘de estado de ánimo’, pero ese sentimiento lo aprovecho para crear. He aprendido a aceptar mis emociones, de repente lo veo todo negro y empiezo a escribir en mi diario, a hacer una escultura...
canalizo esa crisis interior de inmediato.
Otras buenas terapias, además de correr.
Aprendí a canalizar las energías tarde, a los cuarenta años. Antes vivía con un estrés terrible.
También hablas en tu libro de la frágil frontera entre el equilibrio y la locura, ¿tú te consideras una persona convencional o das rienda suelta a tus fantasías?
La gente está metida en unos esquemas muy medidos para no ser clasificada como rara. Yo sí me dejo ir. Obviamente, tengo una familia y busco mantener una línea, pero es bueno soltarse. Por ejemplo, voy con mis hijas al mar y jugamos a ver quién da el grito más espeluznante. Nos miran pensando que estamos locas, pero lo estamos
pasando genial. Me encanta romper normas, te hace más libre: me gusta ir descalza por la calle, comer con las manos, gritar palabrotas...
Quizá deberíamos ser menos severos con nosotros mismos...
Sí, una de las cosas que quiero explicitar en la novela es que la gente tome conciencia de que muchas veces estamos atrapados en nosotros mismos, no nos permitimos hacer ciertas cosas porque estamos marcados por normas que nos coartan. También nos marca el pasado.
¿Qué cosas te han marcado en tu infancia?
Mi pasado está marcado por mi ciudad, Cali. Para mí, el verano perpetuo es una maravilla, el frío me hunde. He tenido una familia muy unida y libertaria, pero en la adolescencia mi padre fue muy estricto. En mis novelas siempre hay un padre controlador. También me marcó ‘Peter Pan’, de Barrie, que aún conservo encima de mi mesa.
Como uno de tus personajes, ¿tú también haces listas de pros y contras antes de tomar una decisión?
No, las hace una persona muy cercana. A mí no me gusta, hay gente que todo lo mide demasiado. Yo soy más emocional, eso te lleva a vivir más intensamente. Sufro mucho, pero se siente más.
Explícame eso de que eres una vampira con tus amigos…
Al principio, llevas contigo la maleta de toda tu vida, pero se va vaciando en cada novela y ¿cómo se llena? Pues con la realidad. Siempre voy con una libreta apuntando historias y anécdotas.
Dices que el sentimiento y la sensibilidad no tienen sexo, ¿de verdad no crees que nosotras somos más sensibles?
He leído cosas de Sampedro que parecen escritas por una mujer: hay muchos artistas masculinos que acaban explosionando. Un libro escrito por una mujer puede estar perfectamente escrito por un hombre. Es hora de que a ellos también se les permita entrar en el mundo de la sensibilidad.
ELLA, QUE TODO LO TUVO
Su cuarto libro narra la historia de Ella, una escritora que tras sufrir un trágico accidente se instala en Florencia para aprender a restaurar libros y a ‘restaurarse’ a sí misma. Allí conoce a Lívido, un librero tan misterioso y solitario como ella misma. La novela ganó el conocido Premio Planeta Casamérica 2009, dotado con 200.000 dólares. Curiosamente, su publicación coincide con el lanzamiento de ‘Piensa, es gratis’ (Planeta), escrito por su marido, el publicista Joaquín Lorente. ¡Eso sí que es compenetración!