Aj. San Josep de sa Talaia

Ibiza: un día en la isla de ensueño

Esta isla es sinónimo de vacaciones soñadas, de playas idílicas y aguas turquesas, del ambientazo más cool… Es todas las islas en una, y un destino para disfrutar las 24 horas del día, desde la mañana a la noche. Por todas estas razones... ¡Ibiza, allá vamos!

Woman.es para Ibiza.travel

Despertarse en Ibiza es un regalo. La isla blanca se ha convertido en los últimos años en el 'place-to-be' donde famosos, familias, parejas, grupos de amigos y residentes conviven en sus poco más de 570 km2 que tienen todo lo que se pueda soñar. Por ello, no es de extrañar que Ibiza se promocione en el mundo con el eslogan “Todas las islas en una”, porque hay una Ibiza para cada persona

Por ello, aunque las noches a veces son más largas que los días en la isla que nunca duerme, Ibiza se ha de vivir desde primera hora de la mañana. 

El placer de empezar el día

Date los buenos días regalándote un zumo de naranja recién exprimido. En muchos hoteles rurales cuentan con pequeños huertos que permiten degustar frutas recién cogidas del árbol. Mucha gente se sorprende de la enorme oferta 'kilómetro cero' que hay en la isla, incluidos aguacates, un must en los desayunos que se puede complementar con una rebanada de pan payés moreno o de un llonguet, un pan blanco igualmente sabroso. 

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Yoga frente al Mediterráneo. | jon izeta

Tras el desayuno, toca cargarse de energía. Tanto mirando al campo ibicenco, teñido por la tierra rojiza propia del paisaje interior, como al mar turquesa, coronado por decenas de islotes (el más famoso, sin duda, Es Vedrá), Ibiza es lugar perfecto para el yoga y la meditación. Luego se impone disfrutar de algunas de las playas más bonitas del mundo. Las hay para todos los gustos, como la playa virgen de Sa Canal, en el Parque Natural de Ses Salines, donde con suerte podremos tomar el sol junto a alguno de los rostros más famosos de la televisión o las redes sociales. Si buscamos algo más discreto, no muy lejos de ahí descubrimos Cala Bassa, una piscina natural  turquesa en la que estar tranquilos. Y los viajeros más atrevidos tienen que probar una playa nudista: en el norte está Aigües Blanques, donde todavía se respira el espíritu hippy que se instauró en la isla en los años 60. 

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Playa de Ses Salines. | D. R.

Tierra y mar de puro sabor

Llegado el mediodía es momento de disfrutar de cualquiera de los múltiples manjares que nos regala la cocina ibicenca. Desde pequeños establecimientos o chiringuitos donde comer con los pies sobre la arena, hasta restaurantes con estrella Michelin o capitaneados por los chefs más célebres, conviene no dejar escapar la oportunidad de degustar la gastronomía local. Son muy recomendables los sabrosísimos arroces y los pescados de roca como el mero, gallo de San Pedro y Rotja (o cabracho), que se preparan de infinitas formas: a la brasa, al horno, en guisos… Aunque puede que la mejor sea el Bullit de peix (hervido de pescado). ¡Merece la pena probarlo!

Bullit de peix, uno de los platos típicos de Ibiza. | Mateu Benàssar

Después del homenaje culinario, vendrá muy bien un paseo por alguno de los famosos mercadillos artesanales, como el de Las Dalias, Punta Arabí o el del centro de Sant Joan de Labritja. Perdidos entre su ambiente bohemio y casi sin darnos cuenta, llegará uno de los instantes más especiales de la isla: el atardecer, cuando nace una Ibiza totalmente diferente y se convierte en la capital cosmopolita del mundo. Ya sea viendo cómo el mar engulle el sol desde la costa de Sant Antoni de Portmany a ritmo de chill-out, en alguna de las playas vírgenes de Sant Joan de Labritja, o en el interior de la isla, contemplando cómo el campo rojizo se tiñe de amarillo, los atardeceres de Ibiza son experiencias inolvidables.

Mercadillo Las Dalias, entre Santa Eulalia y San Carlos. | © 2019 Sergio G. Cañizares

Este es un excelente momento para descubrir el centro de la ciudad de Ibiza, una de las más antiguas del Mediterráneo, y recorrer su recinto amurallado donde parece que no han pasado los siglos. Bajo la silueta del casco antiguo, Dalt Vila, el puerto ofrece un abanico gastronómico sin fin: desde los establecimientos más chic del Paseo Juan Carlos I, hasta la tradición del barrio de la Marina, con locales mucho más humildes, pero igualmente recomendables. 

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Puesta de sol desde el mar en la costa de Ibiza. | jon izeta

Y, tras la cena, empieza la noche. Y con ella, la ocasión perfecta para descubrir los motivos por los que esta isla es famosa en el mundo entero. Quien busque un ambiente divertido, abierto y distinto, lo encontrará en la Calle de la Virgen, la más 'gay-friendly' de la Marina. Además, en Ibiza, es posible escuchar a los DJ más fomosos del planeta que, cada noche, actúan en los distintos clubes de la isla, auténticas mecas de la música electrónica que merece la pena visitar, al menos, una vez en la vida.