Homenaje a Romy Schneider

A los 30 años de su muerte, una exposición en París rinde homenaje a la diva atormentada. Una historia de éxito, pasión y drama con un destino final, pues la actriz murió con tan solo 43 años. Repasamos su vida.

Romy Schneider,

"Soy una mujer rota y tengo solo 43 años". Tal fue la desgarradora confidencia que le hizo Romy Schneider a su madre tres meses antes de que su cuerpo apareciera sin vida, el 29 de mayo de 1982, en su residencia parisina. El suicidio de su primer marido, Harry Meyen, y la muerte accidental de su hijo David, de 14 años, quebraron el frágil equilibrio emocional de la mayor estrella de cine de origen alemán desde Marlene Dietrich.

De Viena a París

Rosemarie Albach-Retty –ese era su nombre verdadero– nació en Viena el 23 de septiembre de 1938, hija de los actores Wolf Albach-Retty y Magda Schneider, separados desde que ella era niña. Alcanzó el estrellato a los 17 años, encarnando a la princesa Sissi en tres películas que hicieron de ella, a los ojos de sus compatriotas, el símbolo de las virtudes de la juventud germana. Esa imagen de perfección inalcanzable («Sissi se me pegó como la harina», se lamentaba) y una madre omnipresente («Mamá estaba siempre a mi espalda susurrándome: ‘Sonríe, sonríe’») acabaron por asfixiarla.

El toque Chanel

El aire fresco que ansiaba llegó con la película francesa ‘Amoríos’ (1958), junto a un casi debutante Alain Delon, de quien se enamoró con locura. «Quiero vivir, amar, dormir y vestir como una francesa», proclamó a la vez que se mudaba a París, algo que jamás le perdonaron en Alemania. Contó con la complicidad de la diseñadora Coco Chanel, para quien fue su tipo ideal de mujer. Lució algunas de sus creaciones en títulos como ‘Boccaccio 70’ (1962), dirigida por un Luchino Visconti que relanzó su carrera, y ‘Las cosas de la vida’ (1970). «Las tres personas que han transformado mi existencia han sido Alain Delon, Luchino Visconti y Coco Chanel», reconoció la actriz.

Destino fatal

Convertida en el modelo de la mujer francesa, moderna, con clase, desinhibida e independiente, ganó sendos premios César por ‘Lo importante es amar’ (1975) y ‘Una vida de mujer’ (1978), en las que interpretó a seres con existencias rotas, como la suya propia. «Lo puedo todo en la pantalla, pero nada en la vida», se sinceró. Se refugió en el alcohol, superó un cáncer y se divorció de Daniel Biasini, padre de su hija Sarah, que la había arruinado. «Persiguió una felicidad que siempre la rehuyó», resumió su amigo y ex amante Michel Piccoli.

Dónde y cuándo. El espacio Landowski de Boulogne-Billancourt (París), le rinde homenaje en una muestra hasta el 22 de febrero.

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