Gloria Estefan, apoteósica

Barcelona se sacudió al son de la salsa, el cha-cha-cha o los boleros, y es que la cantante cubana deleitó a su público con un concierto íntimo, repleto de anécdotas y buenas vibraciones. ¡Ahí va la crónica!

Gloria Estefan, apoteósica

La reina del pop latino no defraudó. A los que asistimos ayer a su concierto en el Palau Sant Jordi de Barcelona, la cantante cubana nos dejó un muy buen sabor de boca. Que perdurará para siempre, dado que ésta es su gira de despedida, el "90 millas Spanish Tour", que en Europa arrancó en Valencia el 22 de agosto y culminará el próximo 19 de septiembre en Tenerife. Una gira en la que también presentaba su último disco, "90 Millas", en honor a la distancia que separa Cuba de Miami. Una distancia que, curiosamente, no estuvo presente en el escenario, ya que durante toda la noche la artista se mostró cercana y encantada de volver a pisar España.

La cita era a las 21.30 y tan sólo se hizo esperar un corto plazo de 20 minutos, y allí estaba ella, enfundada en un dos piezas de color rojo, y con la fuerza y la energía que la caracterizan. Abrió su repertorio con uno de sus temas estrella: "Oye", y desde entonces y hasta el final de la cita, no dejó a nadie indiferente con su derroche de simpatía y su acertado repertorio de temas. Desde clásicos de su primer álbum, como "Con los años que nos quedan", a temas referentes a su Cuba natal ("Cuba libre" o "Mi tierra") o baladas inigualables como "No pretendo".

Pero, dejando a un lado su innegable talento musical, algo que sorprendió gratamente al público asistente fue su sencillez y talante cercano. En todo momento no dejó de hacer guiños a su club de fans, dispuesto en primera fila, e incluso comentó más de una vez los regalos que le lanzaban al escenario, desde flores a muñecos o camisetas. Cercana y espontánea, así se mostro la artista, que no dudó en sacar en un momento de su actuación a su marido, allí presente, Emilio Estefan. Aunque la sorpresa de la noche, como viene siendo habitual en las actuaciones de esta última gira, fue la aparición de su hija, Emily, quien con sólo 13 años demostró su destreza en la guitarra eléctria y la batería. Ya lo dice el refrán: "De tal palo, tal astilla", y es que la adolescente tiene a quien parecerse...

Otro momento estelar de la noche fue la videoconferencia con su madre, a quien pudimos ver en la pantalla de un portátil. "Saluda a Barcelona, mami", exclamaba Gloria, exultante de conectar en directo con su progenitora delante de un público estupefacto ante la sorpresa. Pero ése no fue el único momento "íntimo" de la jornada, la arista también compartió imágenes de su infancia y de su familia, expuestas en las enormes pantallas al son de la canción "Tu fotografía", en homenaje a su padre. Tal fue el apego con su público, que, incluso, cantó trozos (y una canción entera) de temas que le solicitaban desde las primeras filas. Un detalle que hizo que el concierto se cocinara casi "a la carta".

Respecto a la situación de Cuba, no faltó algún comentario sobre las pequeñas mejoras que se van produciendo en el país, aunque muy "poquito a poquito", como apuntó la cantante. La bandera cubana también la acompañó en algunas canciones.

En definitiva, un concierto familiar y también muy enérgico, en el que Gloria se dejaba arropar por su banda Miami Sound Machine y las movidas coreografías de cuatro bailarines. El público en pie, contoneando las caderas y coreando sus canciones fue el telón de fondo de este último directo por tierras españolas. El broche perfecto para una carrera repleta de éxitos, con más de 90 millones de discos vendidos y decenas de premios que abalan su enorme talento. ¡Gracias Gloria!

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