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Adiós al calzado minimalista: ¿por qué la ciencia le da la espalda?

Desde hace unos años en el mundo del running existe un debate: ¿Es mejor correr descalzo que hacerlo con calzado específico? Los expertos en biomecánica de la Universidad de Massachusetts tienen la respuesta.

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Tanto expertos en zapatillas de running como podólogos de reconocido prestigio, se han hecho eco de este estudio que desmonta el mito creciente de los beneficios del calzado minimalista.

Adiós al calzado minimalista

Según explica Guillermo Lafuente a Salud+Deporte, un espacio de Grupo Beiman, podólogo, experto en biomecánica y profesor en la Universidad de Sevilla, el minimalismo al correr o el uso de zapatillas minimalistas llegó a alcanzar una cuota de mercado del 15%, y ahora podría rondar el 11%. Hubo un momento en el que muchos querían correr con esas zapatillas de suela fina, sin pararse a pensar si su pie y el resto de su cuerpo estaban preparados para ello.

Fernando Chacón, de Emotion Running, expresa su opinión al respecto: “Tras muchos años aguantando sandeces e historias de indios por fin la ciencia, esa cosa de la que es menester echar mano antes de hablar, ha decidido dejar al minimalismo-barefoot en pelotas, aunque, eso sí, siempre quedará la teoría de la conspiración judeomasónicacapitalistaneoliberal para decir que todos estos científicos y las marcas están confabulados para dejarnos poco menos que parapléjicos y dependientes toda la vida. Han tardado, pero doy mi enhorabuena una vez más a quienes hacen del deporte una ciencia y no un feudo de curanderos y espabilados”.

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Correr descalzo: ¿cómo se inició esta moda?

La moda de las zapatillas con suela muy fina tuvo mucho que ver con la publicación de “Nacidos para correr”, un libro publicado en el año 2011 en el que se hablaba de los indios tarahumara y las peculiaridades de su espectacular caso.

Los tarahumara vivían en la Sierra Madre mejicana y podían correr largas distancias, por encima de los 100 kilómetros, sin aparente esfuerzo. ¿Qué calzaban? Unas sandalias muy finas con suela de hule (polímero natural), las “huaraches”.

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La industria no tardó en ver la oportunidad y en muy poco tiempo hicieron posible que todos pudieran correr con suela fina.

La oportunidad de negocio

Cuando las empresas de calzado deportivo vieron la oportunidad, su apuesta por los modelos potenció todavía más la popularidad de las zapatillas. Lafuente denuncia lo siguiente en Salud+Deporte: “Ha habido un aprovechamiento mediático y comercial de las zapatillas minimalistas. Sobre todo, al principio, porque había un par de marcas y era un gran negocio”. La industria está presente en los foros de internet, donde se retroalimentan pautas de calzado que repercuten negativamente en la salud del deportista.

En la discusión científica sobre cuál es el calzado más adecuado para correr tiene también eco la teoría que dice que el mejor calzado es ninguno. Una tesis parte que tiene origen en la idea de que durante gran parte de la evolución el hombre ha caminado y corrido descalzo, por lo que el pie se ha configurado para ello a lo largo de cientos de miles de años.

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La ciencia demuestra que correr (casi) descalzo no es mejor

Las principales aportaciones académicas a esta teoría las realizó un equipo de profesores de biología humana liderados por Lieberman, que en 2010 publicó un artículo donde se explica que el hecho de correr descalzos cambia radicalmente los patrones de apoyo. De aterrizar de talón se pasa a aterrizar con la parte media o frontal del pie, reduciéndose el impacto y los problemas que genera.

Sin embargo, estudios posteriores han demostrado altas tasas de lesiones durante la transición del calzado tradicional al minimalista, entre ellos Matthew J Salzler o Joseph J Knapik.