El diseñador egipcio, en su estudio. | Stanislas Liban

La vida loca del diseñador Karim Rashid

El prolífico diseñador egipcio, autor del frasco del perfume Jeu d’amour de Kenzo, nos invita a su loft neoyorquino, base también de su estudio.

 

Texto: Esther Aguado | Fotos: Stanislas Liban

Karim y su esposa Ivana compraron este apartamento en una de las zonas más cool de la Gran Manzana, el barrio de Hell’s Kitchen, antes marginal, ante la inminente llegada de su primera hija, Kiva... Pero pronto se convirtió en un bonito escaparate del trabajo de este exitoso diseñador internacional. Uno espera que la casa de Rashid sea impresionante. Porque, a sus 55 años, este prestigioso creador egipcio es una auténtica locomotora en el negocio de la belleza: ha diseñado frascos de perfume para Kenzo, jarrones para Christofle, relojes y vajillas para Alessi, botelleros para Veuve Clicquot y productos tecno para Samsung; ha decorado un restaurante en Filadelfia, una estación de metro en Nápoles, tapas de registro para las alcantarillas de Nueva York y un hotel en Berlín, así como algunas colaboraciones para Prada y Armani, creó para ellos un nuevo concepto de tienda, por citar sus últimos trabajos.

Su laboratorio: el estudio del interiorista y diseñador internacional lleva también su sello. Aquí se siente libre para crear.  | Stanislas Liban

Por eso no sorprende que su nuevo y amplio loft neoyorquino sea una masterclass de lo más cool. "Abandonamos casi todos los muebles de nuestro antiguo apartamento de Chelsea y empezamos aquí casi de cero. La nostalgia no tiene lugar en una casa moderna", afirma Karim. Antes de elegir su nuevo hogar, vieron unos 100 apartamentos. Ivana, ingeniera química, estaba embarazada de ocho meses cuando finalmente lo encontraron. Les enamoraron sus altos techos y que fuera una enorme caja blanca, perfecta para que Karim estampara su sello individual, muy patente en el gran mural de la terraza.

Con terraza: un auténtico lujo en el centro de Manhattan. | Stanislas Liban

Otro de sus sellos personales fue aplicar un espejo verde sobre la encimera de la cocina, pintar de rosa chicle, su color fetiche, una de las paredes de la escalera, cambiar a blanco el parquet de roble y aplicar algunos azulejos diseñados por él en el cuarto de baño.

"Desde que nos instalamos en Nueva York, siempre hemos vivido en pisos bajos, y eso que tenemos una casa en el campo que disfrutamos cada fin de semana... En la ciudad no me importan las vistas, prefiero poder salir al aire libre y plantar flores en macetas", explica el diseñador. Él, que siempre disfrutó en los clubes neoyorquinos, ahora adora la paz de sentarse con un café en su terraza y jugar con su hija. "Doy un brinco cada vez que oigo a un bebé llorar... Nunca me hubiera imaginado capaz de cantarle a mi hija durante dos horas para que se durmiera y pensar que no había malgastado mi tiempo", confiesa.

En blanco: abajo, la escalera a la zona privada, con el salón al fondo. | Stanislas Liban

Otra de las claves de la vivienda es la luz natural: para potenciarla, muchos de los muros son cristaleras y la mayor parte de las puertas son de vidrio; las paredes y el suelo blanco hacen el resto. De esa forma, Rashid puede jugar con los colores a su antojo. Nada resulta excesivo porque todo queda diluido. No solo sus propias creaciones juegan con los colores rotundos, sino que las obras de arte que gusta de coleccionar también son atrevidas, vibrantes y contrastan con una paleta de colores pastel. El diseñador industrial más famoso de Estados Unidos, ganador de galardones tan prestigiosos como el Red Dot (2012) y el George Nelson (1999), es fácilmente reconocible por sus curvas sensuales y colores brillantes. Él mismo denomina su estilo como minimalismo sensual y define sus diseños como “blobjects”. No podríamos estar más de acuerdo.

La cocina del loft. | Stanislas Liban