Luz y piezas esenciales

Un pacto entre la arquitectura popular de Ibiza y el minimalismo. Espacios amplios y piezas escogidas han sido la pauta a seguir.

INO COLL

Ésta es la última tentación del arquitecto Víctor Espósito: la rehabilitación integral de una vieja casa de campo en el mismísimo corazón de Ibiza. Su afán por la restauración condujo al artífice del proyecto –considerado como uno de los diseñadores de espacios y objetos más creativos de la isla– hasta esta casa de payés, enclavada en una zona elevada, y desde donde se dominan extraor- dinarias vistas de toda la ínsula. El reto superado que se planteó el artista fue el de conseguir un equilibrio entre la esencia de la arquitectura popular de Ibiza y la creación de espacios minimalistas. Para poder integrar la nueva vertiente, tenía que partir de la comprensión de este estilo tan propio y característico. Por ello, apoyó su trabajo en la utilización de elementos y referentes populares, como paredes de piecasa dra, escalones irregulares y vigas de sabina, que se integraron a la perfección con otra arquitectura, moderna y luminosa, salida del lápiz de este nómada del diseño.
Mestizaje
En toda la arquitectura se han incorporado elementos árabes, cultura por la que Víctor siente auténtica pasión. Además, el hecho de ser un ávido buscador de piezas singulares –ya sea halladas en un contenedor, en un mercadillo de París, Londres o Marsella, recogidas en la playa, o diseñadas y esculpidas por él mismo– se refleja en un mobiliario que parece encontrado al azar. Como contrapunto, el contraste de objetos étnicos que el arquitecto ha ido trayendo de sus viajes.
Doble espacio
La casa antigua no tenía demasiados metros, si tenemos en consideración las grandes dimensiones de la finca. Este hecho permitía e invitaba a una lógica ampliación de la vivienda. Por este motivo, y para dar espacio que subrayara la tendencia minimalista, se dobló la superficie original de la casa. Para ello, Víctor Espósito contó con la colaboración del arquitecto iraní Pascal Cheikh Djavadi. El resultado obtenido fue muy satisfactorio y generoso. Otro hecho relevante es que se respetó al máximo ese compromiso con la arquitectura popular isleña, aun incorporando dos nuevos cuerpos laterales. Como eje de entrada, se conservó el centro de la casa, que es el punto de partida para distribuir las estancias. A uno de los lados, y en una altura superior, vemos una de las nuevas áreas hábiles de espacio, que es donde se encuentran la sala de estar y la cocina.
En el salón, la luz entra con libertad a través de grandes ventanales. El juego de blancos se sucede en todos los elementos, donde la única combinación posible es con los tonos naturales de la madera. Las líneas simples imperan en toda la sala de estar, donde los ángulos rectos se suceden en piezas de diferentes épocas y estilos. De este modo, una discreta chimenea comparte escenario con otros elementos más vanguardistas, como los sofás y la banqueta hecha a medida, de madera de nogal y piel de vaca; los muebles estilo años cincuenta comprados en Marsella –ciudad donde Víctor Espósito pasó gran parte de su infancia–, o el centro de todas las miradas del salón, una personalísima lámpara realizada por el artista afgano Mamoun Akrham.
En la cocina también se combinan piezas de diversos estilos, bajo el denominador común de no sobrecargar los espacios. El telón de fondo que el diseñador ha escogido para la zona de cocción es un atrevido revestimiento de cerámica. Esta nota de simetría romboidal aporta un toque de neutralidad cromática. Coronando la estancia, una mesa de cristal Knöll estilo años cincuenta, que convive con sillas de Eero Saarinen que Víctor Espósito compró en los mercadillos de París. La esencia mediterránea de la casa se plasma en un fregadero de piedra de Portugal.
La otra vertiente
En el lado opuesto de la casa, siguiendo la orografía del terreno, se aprovechó el desnivel para diseñar dos nuevas que en este caso quedan por debajo. Víctor reservó estos espacios para situar el dormitorio principal y una terraza.
La habitación ha conservado el espíritu de la vieja casa de payés. Para conseguir este efecto, Víctor y Pascal se recrearon en la conexión a base de arcos y escaleras, en la que la mezcla de materiales como el cemento, la cal en paredes, las vigas de madera originales y la piedra reforzaran el estilo. A fin de garantizar la iluminación en esta estancia intermedia, se abrieron puertas para dejar paso a la luz y un lucernario en el techo. Para potenciar este efecto, se utilizaron láminas de cristal enmarcadas en hierro pintado de negro, que se abren sobre una serie de terrazas y porches que reflejan el blanco impoluto de la arquitectura ibicenca. A su vez, las paredes encaladas y los suelos de cemento teñido en masa y pulido, unifican los diferentes niveles y los techos de alturas diversas que caracterizan toda la casa.
Más que vistas
El lujo natural lo pone un auténtico chill out, que invita a las noches relajadas al aire libre. Bajo el porche de cañas, un diván montado sobre dos palés, una alfombra marroquí y una hamaca colombiana. La piscina que domina la finca no fue elegida al azar. En ese pacto entre lo isleño y lo esencial, el arquitecto buscó una forma que recordara a una balsa. No obstante, no se renunció a darle un tratamiento moderno, y eligió para ello cemento gris y madera de teca.