De París a Nueva York

Una mezcla perfecta. Así es el apartamento neoyorquino de la creadora francesa Catherine Malandrino, que fusiona pinceladas románticas de acento parisino con la pureza de líneas propia del diseño norteamericano.

Ester Aguado

Ocho años han bastado para que Catherine Malandrino alcanzara su gran sueño americano. La diseñadora de las estrellas –Madonna, Demi Moore, Halle Berry, Uma Thurman y Angelina Jolie pasean su soft elegance sobre la alfombra roja– llegó a Nueva York en 1988, dispuesta a relanzar la firma Diane von Furstenberg. No sólo lo consiguió, haciendo gala de su talento (tal y como ya hiciera en París con Ungaro y Et Vous), sino que además allí conoció a su marido, Bernard Aidau. Junto a él, Catherine estrenó su propia firma en 1998, y dos años más tarde, las estrellas de Hollywood la elevaron a la categoría de diosa, y a sus vestidos –«soñados para mujeres que respiran romanticismo y confianza»–, en indispensables. Esa suave elegancia está en la esencia de todo lo que la rodea, desde sus tiendas en Nueva York, Los Ángeles y París hasta el amplio apartamento que comparte con su marido y Óscar, su hijo de ocho años. Situado en el Upper West Side neoyorquino, tocando al mestizo barrio de Harlem, este soleado piso vibra al ritmo del color favorito de Catherine: el amarillo, una gama de tonos que también se ha convertido en el punto de identidad de todas sus boutiques .
«Encuentro inspiración en todas partes, a cualquier hora, y mi casa es el reflejo de mi gran energía creativa», explica. Su vivienda es una fusión muy personal de estilos, colores, formas... «Algunos objetos los descubrí en mercadillos y tiendas vintage , y otros, en la calle. Fueron restaurados y mezclados para formar un exclusivo collage », añade.
Un cuadro con una banana, que Catherine compró a un vendedor callejero, luce con encanto en la estantería de la cocina, al lado de la colección de vasos de cristal de Murano de los años sesenta. Un par de zapatos de plataforma se exhiben en la mesita del salón como si fueran una escultura.
La energía de Nueva York
Así es ella... «Pero para mí, el objeto más importante de la casa son mis libros. Suponen una gran fuente de inspiración.» Su pasión por la energía que le transmite la isla de Manhattan se refleja en la enorme fotografía en blanco y negro que domina una pared del salón. Dos grandes obras inspiradas en Harlem la observan desde el muro de enfrente.
Cada pieza del mobiliario ha sido cuidadosamente escogida por sus líneas limpias, como el sofá modular del salón o el blanco, que separa esta estancia del comedor, creado por el arquitecto francés Christophe Pillet. Pero además de su aire neoyorquino, este hogar respira un marcado encanto francés: una colección de cuencos de los sesenta que destaca sobre una mesa de café metálica y una alfombra de piel de cebra aportan ese toque de glamur tan parisino. Este apartamento exhala feminidad –echa un vistazo al dormitorio–. Sin caer en la ñoñería y mezclando todos los elementos que ama, Catherine equilibra la balanza entre sencillas líneas y elementos seductores: una fusión perfecta de la energía de Manhattan y el romanticismo de París.