Equilibrio perfecto. En el salón de la diseñadora Adriana Barra, gran sofá de Studio Micasa, tapizado con tela diseñada por ella, igual que la butaca de Anne Jacobsen. La alfombra y la mesa de café, de Studio Micasa. El banco blanco, de Jasper Morrison, se compró en TokStok, y la lámpara negra, en Kartell.

Adriana Barra nos enseña su casa de Sao Paulo

La diseñadora de moda Adriana Barra se rodea en su casa de São Paulo de estampados florales, piezas de diseño y una serie de recuerdos de sus múltiples viajes.

Ester Aguado

Es lo que tienen los diseñadores: crean un universo propio que invade cada rincón de su vida. Es el caso de la brasileña Adriana Barros: su hogar es una continuación de la bonita boutique que posee en el centro de São Paulo. Las floreadas telas pintadas a mano que utiliza para construir sus diseños visten en su casa sofás, sillas, paredes y armarios. Emplearlas fue fácil: apostó por una base neutra en paredes y suelos, y aprovechó la cálida luz de tintes tropicales. Los amplios espacios hicieron el resto.
Tres años antes, Dri –como le gusta que la llamen– y su marido, el fotógrafo francés Fréderic Laouenan, compraron esta sinuosa villa de los años sesenta situada en una frondosa calle del centro. Cuando la diseñadora se quedó embarazada de su hija Amalie, hace año y medio, decidieron reformar las dos plantas de la vivienda. No fue necesaria una gran renovación, sino pequeñas modificaciones: se abrieron grandes ventanales y se eliminaron tabiques para dotar a los espacios de más amplitud y luminosidad, y lograr así un ambiente más moderno.
«Nunca supe exactamente lo que quería hasta que llegaron los muebles. Como estaba embarazada, necesitaba acabar la reforma rápidamente, así que aposté por lo fácil: el blanco como base. Sabía que, antes o después, iba a utilizar el color; es algo que envuelve siempre mi trabajo y mi vida», explica. Los suelos originales de parqué eran muy bonitos, pero no había cabida para ellos en la estética que Adriana tenía en mente, así que se sustituyeron por una resina blanca pulimentada, que se acerca más al concepto de la arquitectura sesentera de esta casa.
Un sueño a su medida
En los últimos diez años, y debido a su indecisión, la diseñadora había vivido sin sofá: nunca había encontrado el adecuado. Cuando su amigo Houssein Jarouche, propietario de la tienda-estudio de decoración Micasa, le propuso emplear las telas pintadas a mano que utilizaba en sus vestidos para tapizar un modelo, Adriana saltó de alegría.
«La primera vez que vi el sofá cubierto con la tela Garden se me saltaban las lágrimas, ¡en serio!», recuerda la brasileña. Para ella, que había estudiado decoración de interiores en Italia antes de probar en el mundo de la moda, era un sueño hecho realidad.
No había tiempo que perder: animada por este hecho y ayudada por el equipo de diseño de Micasa, buscó el emplazamiento de cada mueble y comenzó a desembalar recuerdos. «Antes de tener una familia, viajaba mucho y siempre he conservado pequeños souvenirs de sitios como Hawai, Tailandia, Londres, Australia, Perú o Bolivia.» Para colocar estos objetos eligió un divertido módulo a modo de estantería, que acoge un pequeño espacio para el ordenador, diseñado por el colectivo Triptyque. El Tremi Tremi –llamado así por un edificio habitado por bohemios– cubre toda la pared del comedor, utilizado también como oficina. Sus diferentes ángulos y alturas aportan mucho movimiento y carácter a la casa.
Otro de los detalles más especiales está en la cocina: se encargó una isla de cemento lacado en blanco que acabara en una mesa alta; ideal para tomar el desayuno, mientras se contempla el jardín tropical. En la planta inferior se sitúan la habitación principal y una sala de televisión, decoradas con toques personales, como la colcha de la cama, realizada con retales de sus propios vestidos o una rama seca decorada con pájaros, mariposas y luces. Como cabecero, fotos familiares. Cien por cien original.
Descubre sus vestidos en:
LA ROSA QUE NO MUERE. Conde de Aranda, 4. Madrid. Tel. 915 783 198. www.adrianabarra.com.br