La bienal de Venecia

Desde ahora y hasta el 21 de noviembre practica el turismo para ver arte con mayúsculas.

LostConnection, del rusoAndrey Bartenevpresenta.

Violencia, guerra y denuncia son tres de los ejes en torno a los que gira la 52 edición de la Bienal. Si te interesa el tema has de pasarte, sin excusa, por el pabellón ruso, con instalaciones multimedia impactantes y tecnológicamente irreprochables.

En una dimensión distinta, pero no exenta de valor metafórico con respecto al presente, se sitúa la gran instalación del pabellón polaco, con una pieza arquitectónica monumental de Monica Sosnowska, quien traza una descomposición sumamente plástica de la arquitectura del telón de acero en su proceso de desmantelamiento traumático. Otro nombre propio a seguir es el húngaro Andreas Fogarasi, que propone una suerte de documentalismo político formalmente muy conseguido. También el pabellón lituano, fuera de los Giardini, recoge un proyecto similar, realizado por Nomeda y Gediminas Urbonas, titulado Villa Lituania, en el que se hace referencia al último espacio del país ocupado por Rusia. El proyecto hace honor al lema de la muestra: «Piensa con los sentidos. Siente con la mente.»

Bienvenida poesía

Pero el arte que se muestra en Venecia también funciona en ámbitos mucho más íntimos como la extraordinaria creación de Sophie Calle para el pabellón francés, toda una reflexión colectiva en torno al desamor, o la elegancia sobria y póstuma de Félix González Torres (EEUU). También destacan los cuadros, ya clásicos, de Signar Polke en el pabellón italiano, o las instalaciones de Bruce Nauman o Louise Bourgeois. Dentro del mismo recinto del Arsenale, encontramos la gran obra de esta Bienal: el Bolero del belga afincado en México Francis Alÿs, un fascinante e inmenso políptico de más de 500 dibujos. Impresionante. ¿Y el cine? No pases por alto a algunos autores chinos como Yang Zenzhong o la aplaudida secuencia elegíaca de Yang Fudong.

Ya fuera de los recintos de la Bienal, no te pierdas la fresca propuesta del mexicano Rafael Lozano-Hemmer y las provocadoras instalaciones del belga Jan Fabre. ¿Aún quieres más? Acércate en vaporetto a la Fundación Guggenheim para observar el diálogo entre Beuys y Matthew Barney.

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