Álex de la Iglesia, puro rock & roll

Álex de la Iglesia es uno de los realizadores más prolíficos de su generación. El 23 de octubre estrena “Mi gran noche”, una comedia musical que gira sobre la grabación de un “Especial Nochevieja”. Ha logrado que Raphael vuelva al cine cuarenta años después.

Álex de la Iglesia, uno de los cuatros magníficos

"No añoro tener súperpoderes. Cambiaría cinco segundos de mi vida por la de un hombre feliz."

/ Germán Sáiz

Asegura que gasta todo su humor en el trabajo y que le queda poco para casa. Dice que es un ser convulso, impaciente, colérico y extremista. A él no le gusta cómo es, pero intenta hacer feliz a los que le rodean. Y lo consigue.

¿Tú haces pelis para divertirte o para divertir?

Creo que es mi obligación divertirme. Nadie hace nada bien si no disfruta con ello. Aunque el rodaje sea duro y yo sufra...

¿Hasta qué punto te preocupa que la gente se ría?

Todo. Es como si haces una fiesta en tu casa: intentas que, con la música que a ti te gusta, la gente se lo pase bien.

¿Se te ha resistido alguien?

Mogollón... He conseguido cosas sorprendentes, como que Raphael vuelva al cine 40 años después, pero también mucha gente me ha dicho que no. Y he llorado y se lo he pedido dos y tres veces... No hay ego cuando quieres a alguien.

¿Y lo entiendes?

Hombre, la primera vez es porque no pueden; la segunda, porque no les gusto; la tercera, porque no les caigo bien. Tengo algunas espinas clavadas, como Eduard Fernández. Pero seguiré...

¿Por qué has escrito este guion, de dónde surge?

Me gustan las historias de personajes en situaciones límites, encerrados en un lugar, como “El ángel exterminador”... También aquellas que se parecen a juegos como El Cluedo. Si a eso le sumas números musicales, una fiesta de Nochevieja y la felicidad fingida para hacerle daño a otro, ya

tienes todos los ingredientes.

Ha sido un rodaje complejo, mucha gente en pocos días, ¿alguien te ha sorprendido por su capacidad de resolución?

Mario Casas es un personaje que me sorprende cada día. Nadie le ha pedido cosas diferentes y yo he tenido esa suerte. Coge a un anormal profundo y le da una humanidad...

Siempre buscas el triple salto mortal, pero eso tiene un límite...

Yo puedo rodar, tengo amigos que no. Por eso me lo tomo muy en serio y propongo siempre cosas diferentes. La diversión hay que provocarla, pero igual que en la vida. Solo tengo ciertos límites, como el sufrimiento ajeno.

¿Qué te satisface más: hacer reír o llorar?

Reír... es útil. Las comedias ayudan a ver la vida de otra manera. Y odio a la gente que se toma el humor en broma: es lo más serio del mundo. Mi objetivo en la vida –después de haberla desperdiciado mucho– es conseguir que la gente que me rodea se lo haya pasado bien.

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