Rocío Carrasco llora al recordar a Rocío Flores cuando era niña | D.R.

 Rocío Carrasco, en el documental, se rompe al recordar a su hija Rocío Flores

“Siempre me he considerado una buena madre”, ha recalcado Rocío Carrasco en el nuevo episodio de la docu-serie de Telecinco. 

PILUCA SANTOS

Rocío Carrasco no ha podido evitar las lágrimas al hablar de su hija Rocío Flores. La hija de Rocío Jurado y Pedro Carrasco ha vuelto a dejar a la audiencia de Telecinco con el corazón en un puño con sus declaraciones sobre su pasado junto a Antonio David Flores en 'Rocío, contar la verdad para seguir viva', la docu-serie que estrenó la semana pasada el canal de televisión y que alcanzó entonces los 3,7 millones de espectadores. Infidelidades con una mujer de nombre Sonsoles, la traición de Amador Mohedano… Pero en esta nueva entrega de la entrevista más extensa que ha concedido en televisión Rocío Carrasco en televisión ha vivido uno de los momentos más emotivos cuando la hija de Rocío Jurado ha comenzado a hablar de Rocío Flores, la hija que no ve desde hace años. 

Orgullosa de su hija, contó que “nació con 3.750 kg, era una muñeca. Nació preciosa”. Pero ella no era la única que derrochaba felicidad por todos los poros de su piel, también la abuela, Rocío Jurado, que en el hospital, incluso, se puso a cantarle a todo el personal sanitario. “Mi madre le cantó a todo el mundo. Le cantó al médico, a todos. Era como un episodio del camarote de los hermanos Marx”, reveló entre risas. 

Sin embargo, hubo un momento que Rocío Carrasco, al recordar los primeros momentos de la vida de su hija, se rompió. “Cuando la tuve encima… Es lo más maravilloso que puede experimentar una mujer, y un hombre también. Él estaba feliz con su madre, su padre… Ese día se aseguró el futuro, no sé si fue el día más feliz de su vida”, recalcó. 

Rocío Carrasco presenta a su hija Rocío Flores en compañía de Antonio David y Rocío Jurado.  | PG / GTRES

Rocío Flores, la niña de sus ojos

Como su abuelo Pedro Carrasco, uno de los hombres más importantes en la vida de Rocío Carrasco, su hija heredó sus ojos azules, algo que enorgullecía al propio abuelo.  “Se sabía que iba a sacar los ojos azules desde que nació. A mi padre también le dio vida. Le daba biberones”, comentó, a pesar de que tuviera una relación menos estrecha que con Rocio Jurado. 

A Rocío Carrasco le costaba separarse de su hija, de hecho, confiesa, que iba con la niña a todos lados. “Yo con la niña hacía de todo, yo me la colgaba en el pecho y hacía de todo con ella. Iba a la peluquería, a comprar… era la mujer más feliz del mundo. Ya en esa época era más mayor y tenía la cara redonda, regordeta, con unos mofletes y unos ojos azules… era una niña bella”, relata. 

Aquellos primeros años como madre parecían casi un juego para Rocío Carrasco, unos años en los que experimentó un montón de sensaciones. “Estaba con ella como si fuera una muñeca. Me gustaba cambiarla, mi madre me traía unos vestidos… era una sensación de felicidad absoluta. Estaba pletórica, siempre me he considerado una buena madre”, recuerda con cariño.