Miranda Kerr, gurú de la felicidad

La supermodelo es una activista de la vida saludable y el espíritu positivo: escribe libros y conciencia a través de sus redes sociales. En esa filosofía happy encaja la fragancia Joyful de Escada

Marta Bonilla; Fotografía: Guy Aroch

La sonrisa que la acompaña en cada una de sus apariciones delata el estado de ánimo y el espíritu de Miranda. Es una mujer feliz. En su vida, sobran los motivos, pero además nos confiesa que es algo que trabaja día a día: «Me concentro siempre en lo positivo. Se trata de disfrutar de las pequeñas cosas, de ver el vaso medio lleno», aconseja la sexta top mejor pagada del mundo, según la revista “Forbes”, que calcula sus ingresos en torno a los siete millones de dólares anuales.
La genética ha sido generosa con ella, pero también ha trabajado duro. Es la clave de su éxito porque Miranda es hoy más que una modelo: una marca en sí misma. Ha creado su propia firma cosmética, Kora Organics, diseña vajillas y juegos de té para la firma Royal Albert, como nutricionista titulada se ha convertido en una voz autorizada de la alimentación y la vida saludable, ha publicado dos libros de autoayuda, ha hecho sus pinitos como cantante –y no lo hace nada mal–, reina en el street style, es superactiva en redes sociales... Sus más de cuatro millones de seguidores en Instagram y tres en Twitter la convierten en una influencer. Ahí sabemos de su pasión por el yoga y el pilates o de la buena relación que mantiene con su ex Orlando Bloom –padre de su hijo Flynn, de cuatro años–, con el que habla todos los días.

Sin parar, como todas. Me involucro al 150% en todos los proyectos en los que participo. No sé hacerlo de otra forma. Mi firma Kora Organics es un proyecto que me apasiona ya tiene un staff de 30 personas. Todos los meses tengo reuniones. Mi objetivo era buscar productos naturales que a la vez fueran eficaces. Soy muy perfeccionista. Cuanto mayor me hago, peor. Siempre pienso que puedo hacerlo mejor.

Lo más importante es rodearte de un buen equipo, planificar tu carrera, aprender a priorizar y ser constante y persistente. No se consigue a la primera. A partir de ahí, he tenido una carrera maravillosa que me ha permitido viajar, conocer culturas y a gente fascinante... Sin ser modelo no habría tenido estas oportunidades. Le debo lo que soy.

A Miranda, la moda le gustó desde niña. «Mi juego favorito era probarme la ropa de mi abuela con mis primas», nos cuenta la modelo, que se crió en Gunnedah, una pequeña ciudad a 5 horas de Sidney. Allí la descubrieron unos días antes de cumplir 14 años, cuando ganó un concurso de modelos organizado por una revista. Una vez que terminó sus estudios de nutrición, firmó sus primeros contratos y en 2004 se mudó a Nueva York. Tres años después se convirtió en ángel de Victoria’s Secret, a cuyo desfile de lencería no faltó durante seis años. En 2013 anunció que no volvería a lucir las archifamosas alas: «La preparación exige mucho tiempo que no tengo porque soy madre y esa es mi prioridad», explica la modelo, que ahora compite con los nuevos ángeles como imagen de Wonderbra.

Con 31 años, todavía sigues siendo una de las modelos más sexys del mundo

Es un halago que me vean sexy, aunque creo que el verdadero atractivo de una mujer reside en encontrarse guapa en su propia piel. Es lo que yo aconsejo: no querer parecerse a mí o a otra, sino tratar de ofrecer lo mejor de una misma. Cada una de nosotras tenemos algo bueno que ofrecer al mundo.

Como todas las mujeres, también hay momentos en los que me siento insegura –la moda lo provoca a veces–, pero hay que superarlos. Lo importante es encontar lo que nos gusta y nos hace felices y concentrar en ello nuestros esfuerzos.

Mucho, yo miro la vida con optimismo. Cada mañana cuando me levanto y veo a mi hijo, sano y feliz, tengo motivos para sonreír. Además, tengo la sensación de que él ha nacido con mi espíritu happy y me encanta.

Creo que la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas: es cuestión de ver el vaso medio lleno o medio vacío. Ser positivas es un proceso diario, una elección... Yo he llegado a ello a través de diferentes caminos como la meditación o rezar –mi abuela me acostumbró a rezar cuando era niña–. Estas experiencias me han hecho la persona la que soy.

Soy cristiana, pero no practico ninguna religión. Rezo y después medito. Todos los días, esté donde esté, saco veinte minutos para concentrarme en la mente y la respiración. Forma parte de mi rutina de bienestar.

De mi piel, sana y luminosa y de mi cuerpo, porque son cosas que aunque te las da la naturaleza hay que cuidar y trabajar para conservarlas y tratar de mejorarlas.

Para estar en forma practico yoga y pilates y también hago entrenamiento de resistencia. Además, doy largos paseos por la playa, monto a caballo y bailo en casa. Bailar es divertido.

No soy totalmente saludable. Mi dieta es un 80% sana y un 20% de caprichos. Viajo mucho por diferentes países y descubrir su comida también es importante para conocerlos, pero cuando estoy en casa, sí procuro tomar comida orgánica, evito la leche –bebo de cabra–, los zumos de frutas, prefiero los licuados de verduras...

No tengo tiempo, me visto según el plan que tenga y mi estilo propio, que yo defino como clásico, sencillo, effortless.

Unos vaqueros que le sienten bien, un blazer y taconazos.

Todas las mañanas pulverizo mi perfume por la ropa y las puntas del pelo.

Seguir con mi trabajo en la moda, mi firma cosmética, el diseño de vajillas, tener más tiempo para mi hijo... Mi vida los dos próximos años ya está dibujada como un mapa.