Laura Pausini

Parece dulce. Lo es. Parece enamorada. Lo está. La cantante italiana más conocida en España estrena disco, casa e imagen, y nos invita a pasar todo un día con ella en su ciudad.

Cristina Ros

Cuando el diseñador Alessandro Dell’Acqua se entera de que Laura ya ha llegado a su showroom, abandona por un momento su reunión para subir a saludarla. La cantante es una celebrity muy querida en su país, Italia. Su mezcla de ingenuidad, sinceridad y transparencia la ha convertido en la mejor embajadora de su tierra. Un escenario, por cierto, al que rinde homenaje en su nuevo trabajo, Yo canto (Warner), donde reinterpreta grandes clásicos.
¿Qué es lo mejor y lo peor de tu país?
Lo mejor es la tradición, el arte y la pasta. Lo peor es que son incapaces de abrise a otras culturas.
Milán, donde vives, tiene fama de ser muy superficial. ¿Es así?
Sí. Yo no lo sufro tanto como mis amigas, porque soy una persona conocida y no se meten conmigo. Cuando sales a la calle, te miran de la cabeza a los pies. Se fijan mucho en lo que comes, en cómo vistes, en cómo andas...
Dejaste tu pueblo, cerca de Bolonia, para instalarte en esta ciudad. ¿Por qué?
En 1993 me enamoré de un chico que vivía aquí. Además, es donde estaba mi compañía discográfica.
Te fuiste por amor y por la música...
Yo nunca he vivido esas dos cosas de forma separada. En toda mi vida he tenido tres novios, y los tres pertenecen al mundo de la música. Dos de ellos fueron, además, mis mánagers. Con uno ya no tengo contacto porque me traicionó, tanto a nivel profesional como personal. El otro, en cambio, sigue trabajando para mí. Si una persona con la que he estado me ha demostrado su respeto, no tengo ningún motivo para alejarlo de mi vida.
¿Por qué no seguir apreciándolo a través de nuestra colaboración laboral?
Un día nos dimos cuenta de que no queríamos seguir nuestra vida como novios porque éramos como hermanos. Era una relación que no implicaba una parte íntima. Cuando lo dejamos, teníamos miedo de no ser capaces de continuar trabajando juntos, pero lo hicimos porque hay un amor sincero.
¿Y el tercero?
Se llama Paolo y es guitarrista. Llevo un año saliendo con él. Siento que ahora todo me va bien. Finalmente, estoy tranquila, enamorada. Tener una relación estable me ayuda, porque yo soy una mujer muy emotiva, y si no estoy bien a nivel personal, no soy capaz de encontrar la paz profesional.
¿Crees en el amor para toda la vida?
Nunca empiezo una relación pensando que terminará, aunque sé muy bien, por lo que he vivido hasta ahora, que la vida te pone muchos obstáculos, especialmente a una persona con una profesión tan loca como la mía. Para mí, la vida en pareja es compartir, decidir juntos, pero yo estoy en una posición en la que no siempre puedo elegir. Tengo una responsabilidad no solo con mi trabajo, sino también con la gente que me ha permitido hacerlo y que me es fiel.
Contentar a todos es complicado...
Sí, pero en los últimos años he aprendido que lo más importante es que esté yo contenta. Al principio, por mi carácter, hacía cosas para que los otros se sintieran felices pero iban en mi contra pues me hacían infeliz. No quiero ser egoísta, pero creo que debes aprender a cuidarte y a amarte, por tu propio bien.
¿Qué más has aprendido?
A poner en duda las reglas católicas que me enseñaron de pequeña. Los italianos tenemos una educación muy conservadora que, en ocasiones, no nos ha permitido ser personas libres.
¿Fuiste a una escuela religiosa?
No. Siempre fui a colegios públicos, pero, de pequeña, me reunía con mis amigos en un local que era de la Iglesia. Nos daban un espacio para jugar, un campo... Durante un tiempo, me acerqué mucho a las monjas. Aún hoy sigo en contacto con ellas, aunque haya algunos temas de los que pensamos cosas muy diferentes: el uso del preservativo, la convivencia en pareja antes del matrimonio, el aborto... No tengo dudas sobre mi fe, pero la institución religiosa sí que me ha dado que pensar.
Lo del altar, pues, ¿descartado?
Hoy por hoy, sí. Me gustaría casarme si nuestra relación sigue adelante y tenemos el proyecto de formar una familia. Pero lo de la Iglesia... sería ir en contra de lo que pienso. Por supuesto me casaría con la elección y el juicio de Dios, pero es que desde el momento en que yo encuentro a alguien, y eso funciona, creo que Dios ya ha decidido por mí. De todas formas, no es algo que esté programando para un futuro próximo.