Laia Costa como madre primeriza en 'Cinco lobitos'. | D.R.

Laia Costa: “Hay que reivindicar la figura del cuidador”

La actriz catalana estrena la película Cinco lobitos’, un maravilloso y premiado filme sobre una madre primeriza y su relaciones familiares que consigue que, tengas hijos o no, te veas reflejado en la pantalla.

 

Paka Díaz

En el pasado Festival de Málaga, más allá de los impresionantes vestidos vistos en la alfombra roja, una película brilló por encima de todas. La ópera prima de Alauda Ruiz de Azúa, ‘Cinco lobitos’, venía, con muy buenas críticas, de la Berlinale y en Málaga se llevó la Biznaga de Oro a mejor película española, el premio a mejor actriz 'ex aequo' para Laia Costa y Susi Sánchez y, también, el de mejor guion. Pero, sobre todo, la película arrasó entre el público porque consigue que, tengas hijos o no, te veas reflejado en la pantalla.

Una de las responsables de ello es Laia Costa (Barcelona, 1985), una actriz prodigiosa que interpreta a Amaia, una joven madre primeriza que, con el nacimiento de su hija, se da de bruces con la cruda realidad: la precariedad laboral, la falta de ayudas, la soledad del posparto… Y cuando parece que ya no queda aire para respirar, la enfermedad de su madre llevan a la protagonista a un límite que, también, será lo que la haga madurar. La película pone la mesa el tema de los cuidados, con tanta verdad que es imposible no conectar con ella.

El espectacular trabajo de Laia Costa como ese madre primeriza, y esa hija que se convierte en madre de sus padres, hace que te identifiques mucho con la historia. Costa no es una actriz al uso. Desde el inicio de su carrera, tuvo claras sus líneas rojas, entre ellas no desnudarse en pantalla si no es absolutamente necesario, o hacer películas en las que el guion le atrape. La actriz tiene una mirada bastante pragmática sobre el mundo del cine, algo que sorprende en alguien que se ha mudado a la Meca del séptimo arte. Claro que ella vive en Miami, no en Hollywood, y lo hace porque su pareja, David López trabaja allí para una multinacional.

Laia Costa en un momento de la película 'Cinco Lobitos'. | D.R.

En realidad, Laia Costa no es la típica persona que quiso actuar desde niña. Ella estudió Publicidad –precisamente en la carrera conoció a su marido–, y fue su hermana, que seguramente le veía dotes claras, quien la animó a apuntarse a una escuela de interpretación, casi como hobby. Desde sus primeros castings, no para de trabajar.

Con una de sus primeras películas, 'Victoria', del cineasta Sebastian Schipper, se llevó el premio Lola a mejor actriz –un equivalente al Goya en Alemania– y 'The New York Times’ la señaló como una de las grandes jóvenes promesas. Era 2015 y, desde entonces, su prestigio no ha dejado de crecer gracias a una forma de interpretar orgánica y de una gran naturalidad. Vaya, que te crees cualquier personaje que haga. En su papel en 'Cinco lobitos', Costa está extraordinaria, como lo están sus compañeros de reparto, Susi Sánchez, Ramón Barea y Mikel Bustamante. La película se estrena en cines el 20 de mayo.

Lo que más me sorprendió al ver ‘Cinco lobitos’ es que es una película que no solo representa a las madres primerizas, sino a las madres, en general…

Me interesa mucho eso que dices de en general, porque tengo la sensación de que la película conecta mucho con el público, seas madre primeriza o no. Incluso seas madre o padre, o no. Tengo la sensación de que todo el mundo se la hace suya de alguna manera, porque aunque es verdad que la película empieza con una madre primeriza, se va a otro lugar enseguida y empieza a hablar de todas estas dinámicas, de pareja, de familias, que todas las personas acumulamos a nuestras espaldas, los roles de género e incluso la muerte. En la película hay tanto diálogo con la realidad, que cualquier persona se puede enganchar a la historia y hacérsela suya.

Cuando la rodaste, tu eras ya madre primeriza. ¿Ha tenido que ver tu experiencia vital con la de tu personaje?

Sí y no. Mi maternidad no tiene nada que ver con la maternidad de Amaia, el personaje que interpreto. Ni en cuanto a la crianza, ni en las decisiones de pareja o de trabajo que toma y qie han sido muy diferentes a las que tomé yo. Y, sin embargo, también me siento muy reflejada en ella y creo que todas las madres podemos sentirnos reflejadas. Aunque es cierto que no hay dos madres iguales, ni dos paternidades iguales, creo que todos podemos encontrar ese lugar común porque al final refleja a una familia y en todas las familias, por muy diferentes que sea,n hay algo universal. Eso es algo muy bonito de esta película. La película también muestra paternidades diversas.

Laia Costa y Ramón Barea en la película
Laia Costa y Ramón Barea en la película 'Cinco lobitos'. | D.R.

Al comienzo del filme, pensé que el personaje de tu pareja, el padre de tu hija, iba a desarrollar una paternidad corresponsable, por su discurso… pero no. Y tu madre en la película te resume en una escena cómo ha sido su pareja: ‘Tu aita ha sido un buen padre y un pésimo marido’. ¿Queda mucho a los hombres por evolucionar como padres y compañeros?

Hay una cosa en la bonita en la película, que creo que es bastante generacional. Respecto a Koldo y Begoña, sus padres y abuelos, ellos han tenido ese pacto que hacían las generaciones antiguas de, yo me ocupo de la crianza y tú de traer dinero a casa, básicamente. Con este pacto se llegaba a final de mes, vivían bien y se podía sostener el grupo familiar, aunque también había mucha renuncia y las contradicciones emocionales que eso generaba. Pero en el caso de Amaia y de Javi, una pareja joven, eso no funciona, porque estamos hablando de dos trabajadores autónomos, que con el sueldo de una persona no llegan a final de mes y no pueden ni siquiera pedir ayudas para conseguir una guardería y poder trabajar. Entonces aparece en la película el concepto de la precariedad laboral, que hace que hace que directamente no tengas herramientas como pareja para renegociar esa situación. Javi tiene sentido y consciencia, pero se encuentra con una precariedad laboral que se impone y que le impide ejercer su paternidad.

¿Crees que la película puede ser útiles a las madres y padres primerizos?

Sí, pero no lo limitaría a padres y madres primerizos. La peli arranca ahí, pero va mucho más lejos. Por ejemplo, en toda la realidad que se te cae encima cuando tus padres se hacen mayores y enferman.

Una película te hizo plantearte ser madre, el drama sobre la infertilidad 'Only You', que coprotagonizaste con Josh O'Connor de The Crown, y ahora otra película, 'Cinco lobitos', te ha permitido investigar en las maternidades. ¿Vas evolucionando con cada proyecto como actriz?


Totalmente. Por ejemplo, yo ese momento de enfrentarte al cuidado de tus padres ancianos todavía no lo he vivido, pero ya me lo estoy planteando gracias a esta película, los roles de la familia y los de las personas que cuidan a todos los niveles. Porque, al final, cuidar de un bebé es igual de delicado e importante que cuidar de una persona mayor. En la película se plantea qué pasa cuando mi madre enferma y necesita alguien 24 horas con ella. La cuidadora tiene que estar ahí, no puede gestionar una profesión de ocho horas, por ejemplo. Creo que ahora hay mucho debate sobre el tema de los cuidados, algo que vas a tener que hacer en algún momento dado tu vida. Eso me recuerda un dicho en inglés, ‘it takes a village to raise a child’, que necesitas una tribu entera para criar un hijo. Algo que es cierto, pero también necesitas a esa tribu para cuidar a un anciano o a una persona discapacitada o con una enfermedad crónica. Hay que reivindicar la figura del cuidador.

En la película vemos muy clara la soledad de quién cuida…  

Sí, y la vemos en todos los ciclos vitales de ciclo que se inicia con un bebé, hasta cuando se acaba con una persona que está muy enferma y que es probable que vaya a morir. A Amaia se le juntan ambas crisis en un mismo año. Curiosamente, el cambio que vive ella, el resurgir del Ave Fénix cuando ella madura y encuentra una nueva mujer en sí misma, no es con la primera maternidad, sino con el cambio de su madre, con esa segunda maternidad que vive, cuando empieza ella a ‘maternar’ a su madre.

Susi Sánchez y Laia Costa en 'Cinco Lobitos'. | D.R.

¿Cambia la percepción que se tiene de tus padres cuando te conviertes en madre, cuando tienes una hija? 

Para mí convertirme en madre ha sido un duelo de mi vida anterior, una crisis de identidad. Pero, también, el otro día me decía un amigo que cuando nace un hijo todo el mundo en la familia tiene etiqueta nueva. Los padres y madres se convierten en abuelos, los hermanos y hermanas en tíos, incluso cambian las dinámicas dentro de la familia a todos los niveles. Yo, ahora, he descubierto a mi hermana como tía, igual que a David [su marido] siendo padre por primera vez. Hay como un juego de espejos que es muy hermoso.

Por cierto, ¿le das el pecho de verdad al bebé?

Qué va, en la película llevo un pezón falso y el bebé se agarra a la prótesis. Está pregunta me encanta porque habla de dos cosas. Una del artificio del cine, y dos, de que maternar es algo individual e intransferible, en el sentido de que hay tantas maternidades como madres. Me hace mucha gracia, porque hay gente que me entrevista, que me dice que con este papel lo he tenido más fácil porque ya ha sido madre y ya sé preparar el biberón. Cuando me lo dicen me río porque yo nunca he preparado un biberón, siempre he dado pecho a demanda. De hecho, me tuvieron que explicar cómo se preparaba un biberón y se me daba tan mal que, de hecho, en la película se ve que sale disparado y fue así de verdad (risas). Amaia y yo somos muy diferentes en las decisiones de crianza, aunque yo me veo en ella, también encontraba puntos de conexión. Había días que llegaba a rodaje sin dormir y tenía la misma cara que necesitaba tener para el personaje y no me hacía falta ni maquillaje.

¿Te fue fácil conectar con la forma de vivir la maternidad que plantea la película?

Pues, cuando leí el guión por primera vez, esa escena en la que ella llora después de ser madre, yo no podía entender porque lloraba el personaje, pero después de ser mamá, sí, ya lo vi claro, lo sentí, son las hormonas del posparto, que es pura biología y que hacen que puedas empezar a llorar por cosas que ni siquiera sabes de dónde vienen, desde la irracionalidad total de la hormona.

Esos momentos de posparto, de crisis, hacen que muchas mujeres se sientan perdidas e incomprendidas. Se habla poco de esto y hace mucha falta, ¿no?

Esa es una de las grandes cosas de la película, también. Yo he reflexionado mucho sobre ese tema, porque pienso que no son temas tabús. No se prohíbe hablar de ellos, pero me pregunto por qué no se habla de ellos en esta sociedad y he llegado un poco a mi propia conclusión, que todavía está en ‘making progress’. No sé si será la correcta, pero tengo la sensación de que esto ocurre porque son temas que se dan por hechos. Y sobre lo que se da por hecho, no se dialoga, no se comparte, ni se habla de ello. Y seguro que piensas que ha habido miles de madres antes que tú y si nadie habla de ello, es porque es así y tú lo tienes que pasar. Hay una soledad en la figura del cuidador que veo en la figura materna también, porque lo he vivido yo misma. Tú puedes estar acompañada y rodeada de gente, pero te sientes en un aislamiento maternal. Algo que puede que sientan también los cuidadores de personas mayores, de personas enfermas o con capacidades especiales. Puede que esa figura del cuidador sienta unas aislamiento social que tiene que ver con que no haya herramientas para ayudarles. Hay un concepto que es el de ‘maternar’ a la madre, cuidar al cuidador, pero no sé si somos una sociedad que trabaja demasiado en ese sentido. Cuando me quedé embarazada, hice unos estudios para ser ‘doula’ [matrona] y aprendí que, en Asia, existe la figura de una mujer que recibe en su casa una familiar o una amiga que se instala en tu casa y cuyo rol es simplemente cuidar de la mujer embarazada, acompañarla, que duerma todo lo que pueda, poner lavadoras, hacer comidas. Eso me hizo pensar en cuánto de cultural hay en los cuidados.

Hay mucho margen de mejora en el tema de los cuidados en nuestra sociedad…

Sí, yo creo que hay muchísimo, pero lo que me preocupa no es tanto ese margen de mejora, sino que vamos hacia atrás. Porque se han conseguido cosas pero a veces tengo la sensación de que, si no las seguimos cuidando, no solo no van a seguir mejorando, sino que se pueden perder, que podemos ir para atrás.

¿Qué cosas te preocupan?

Yo celebro cuando hay diálogo sobre los cuidados, sobre la psicología del cuidado y sobre la salud mental, pero a veces tengo la sensación de que se nos olvida todo eso. Aunque es cierto que ahora hay cada vez más narrativas hablando de estos temas…

Hay ciertos temas que antes estaban bastante invisibilizados en el cine o la literatura, como esas maternidades poliédricas. ¿Estamos generando al fin nuevos arquetipos de mujeres, más reales y acordes con las mujeres actuales?

Sí, y eso es muy interesante. Hay que seguir hablando de estos temas, abrir la puerta al diálogo. En Berlín ocurría este año, nos decían que tenían un montón de historias que hablan sobre la maternidad desde puntos de vista súper distintos y eso es algo muy necesario para toda la sociedad.

Tú has sido madre en Miami. ¿Cómo es tener una hija allí, has encontrado diferencias?

En mi caso, más que el tema de países o ciudades, lo que más ha marcado mi primer año de maternidad ha sido el tema de la pandemia. Nos ha pasado a muchas madres en estos últimos dos años. Mi chico y yo nos encontramos totalmente aislados en Estados Unidos, con las fronteras cerradas. Nuestros familiares y amigos no conocieron a nuestra hija hasta que tuvo 13 meses. Imagínate, fue un primer año muy duro a nivel profesional y a nivel personal, también, porque nos convertimos en padres primerizo. No sé si recuerdas, pero principio el covid creaba muchísima incertidumbre. No teníamos nada muy claro y teníamos mucho miedo. Eso, sumado a un posparto reciente. Mi chico y yo hemos tenido ahí un crecimiento brutal como pareja y como familia, que, de algún modo, ha sido muy bonito, porque hemos tenido la experiencia de vivir al máximo cada pequeño paso que nuestra hija daba y que nosotros dábamos. Pero también hemos echado mucho de menos a nuestra tribu. Por eso te digo que cada maternidad tiene sus circunstancias y es única.