Elena, fragilidad inteligente

En "Hierro" vuelve a hacerse la fuerte. ¿La realidad? Elena Anaya sabe qeu su vulnerabilidad, imaginación y capacidad de crítica son las cualidades que mejor la definen.

Marta Flores

Asegura que es frágil, despistada
–dice que siempre se deja o pierde algo allí donde va– y desmemoriada. Nadie lo diría de una Elena Anaya que se presenta en la sesión de fotos con aplomo y seguridad para promocionar su última película, ‘Hierro’, del director novel Gabe Ibáñez, un thriller psicológico, de increíble belleza estética, por el que ha sido premiada como Mejor Actriz en la pasada edición del Festival de Sitges. En ella interpreta a María, una madre soltera fuerte, valiente, con una carrera profesional brillante que ve truncada su vida cuando en un viaje de vacaciones desaparece su hijo Diego. Una situación en la que Elena no quisiera encontrarse jamás, sobre todo porque durante el rodaje se sintió «apesadumbrada; era un asunto muy duro, un dolor incontable.»
Sé que ‘Hierro’ no es la película ideal para plantearse tener descendencia, pero ya empiezas a interpretar papeles de madre. ¿Te gustaría tener hijos?
Sí, me encantaría aunque, como dices, acabo de rodar dos películas en las que hay niños y les pasan cosas horribles. Eso hace que te entren dudas (ríe). Pero opino que los hijos son la razón de vivir. Creo que estamos aquí para dar el relevo de la vida a otros. Y sería fantástico poder compartirla con ellos.
La ópera prima de Gabe Ibáñez es una apuesta muy fuerte (y muy buena) por el cine de terror español. ¿Crees que los directores noveles le ponen más empeño a sus proyectos que los consagrados?
No sé si le ponen más empeño pero, lo cierto, es que muchos de ellos demuestran tener mucho respeto al mundo del cine. Y por eso hay ‘primeras películas’ magníficas, como ‘Tesis’, de Alejandro Amenábar, ‘Familia,’ de Fernando León de Aranoa, o ‘Vacas’, de Julio Medem. Gabe es, además, un tipo muy preparado, inteligente y disciplinado. Ya lo demostró en su cortometraje ‘Máquina’, que recomiendo a todo el mundo.
Le aprecias mucho... y eso que te advirtió que en esta película no te quería sacar guapa...
Siempre le pregunto a los directores por qué me han escogido a mí: me gusta saberlo. Gabe me dijo que quería sacar una parte de mí que no se había mostrado antes. Y creo que lo ha conseguido. María es una mujer fuerte, que pelea hasta el final, pero también tiene un lado oscuro: es solitaria, no muy cariñosa ni sociable, vulnerable, una madre que se oxida interiormente porque no puede soportar tanto dolor. Pero para expresar todo eso, necesitaban que yo tuviera cara de cansada, que la piel estuviera pálida... ¡les encantaba que amaneciera en el rodaje con nuevas manchitas solares –hacía buen tiempo en la isla de Hierro– porque me daban un aspecto más natural y creíble! (Ríe) Y, sin embargo, la estética de la película es hermosa, las imágenes están todas muy estudiadas.
De hecho, hay imágenes de desnudos que son bellas precisamente por su total naturalidad. También en la próxima película de Julio Medem, ‘Habitación en Roma’, pasas la mayor parte del tiempo sin ropa. ¿Cómo te enfrentas a las escenas de carga erótica?
En la película de Medem hay solo dos secuencias en las que voy vestida. Para sobrellevarlo, basta con pensar que estás interpretando una bella historia de amor escrita por uno de los mejores directores de este país. Hay que hacer un enorme ejercicio interior para poder sentirte protegida en tu propia desnudez.
¿Te has dejado la piel en este papel?
Yo no sé hacer un personaje que sea completamente ajeno a mí, aunque en la vida real lo sea... Siempre saco algo de mi persona. Por ejemplo, cuando interpreto a la madre de ‘Hierro’ se pueden intuir partes oscuras y profundas de mí. Yo me desnudo emocionalmente ante la cámara con mi cuerpo y con mi experiencia, con mis sentimientos, mis furias y mis miedos. Por eso siento pudor al verme en mis películas, porque cuento cosas que son muy personales. Y por eso no me gusta demasiado verme. No disfruto con ello.
Los directores que han trabajado contigo hablan de ti como de una mujer bella, interesante y enigmática. ¿Cumples los requisitos?
Mira, yo todos los días convivo conmigo misma, que es algo muy difícil. Y soy tremendamente inestable y frágil a pesar de que me toca interpretar muchas veces personajes de una gran fuerza interior. A menudo me siento la persona más simple del mundo y la menos atractiva, en cualquier sentido. Pero también sé que si no fuera tan crítica, posiblemente no sería capaz de profundizar tanto en los papeles que hago e, incluso, en la vida misma.

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