Aymeline Valade: aire de estrella

La top gala se ha convertido en rubia para encarnar a Betty Catroux, la musa de Yves Saint Laurent, en el film de Bertrand Bonello... Una modelo atípica y de temperamento fuerte a la que le gusta escribir, con estudios de márketing y una visión crítica de la vida. Ha nacido una estrella.

Chloé Lacour

Se necesitaba una personalidad fuerte para interpretar a Betty Catroux, la musa del genial Yves Saint Laurent en la película de Bertrand Bonello. Hasta el último Festival de Cannes, Aymeline Valade tenía reputación de top model de físico atípico y temperamento de fuego. Pero cuando subió los peldaños, rodeada de estrellas del cine, con su silueta andrógina magnificada por un esmoquin made in Pallas a medida, solo la veíamos a ella. Y, sin embargo, lo había elegido para «desaparecer, ser discreta, estar a gusto, sentirse libre»… Cuando la luz volvió a encenderse y a iluminar a un público electrizado por su actuación, la alta dama blanca de penetrante mirada había dejado de ser una desconocida. Y eso, pese a que al principio el riesgo al que se exponía era enorme: «Dudé mucho, porque no tenía ganas de destruir mi credibilidad solo para hacer una película. Lo que me gustaba era rodar con Bertrand Bonello, cuyo filme “L’ Apollonide”, obra auténticamente feminista, me había impresionado.» La irresistible tentación de encarnar al «arquetipo de mujer moderna y libre desde todos los puntos de vista» le impulsó a atreverse a rodar: «Esta película, contundente y conmovedora, es tanto la historia de Saint Laurent como la de los años setenta. En ella se expone el dilema del genio creativo enfrentado a las restricciones de la realidad.» Sin formación ni la ayuda de un coach, se lanzó a la aventura con la ambición de ser merecedora del papel: «Me sentí muy vulnerable. Pero la experiencia me alimentó y me tranquilizó. Aprendí a dejar mis emociones a un lado y a soltarme. Tendía a querer tenerlo todo bajo control cuando, en realidad, es en el azar donde radica la auténtica belleza de las cosas.»

El reconocimiento crítico se presentó como un bonito regalo, pero Aymeline no contempla ser actriz: «No soy una intrusa. Si vuelvo a rodar será en un proyecto en el que me sienta en mi sitio.» Esta bella mujer tiene muchos otras teclas que tocar, a juzgar por sus hermosas sandalias de cuero, que ha confeccionado ella misma. En estos momentos, su búsqueda se da en sesiones de fotos artísticas y en las pasarelas, donde su manera de desfilar revela una actuación artística: «Mi objetivo es contar una historia bonita lo mejor posible y suscitar deseo.» Aymeline tardó cierto tiempo en identificar este talento tan particular, que la ha convertido en la musa de los más grandes modistos. Criada al aire libre, a merced de los traslados provinciales de su padre, empleado en el Ministerio de Defensa –su madre es contable–, Aymeline recibió una educación nutrida de sólidos valores humanistas y republicanos. Con quince años, mientras daba vueltas con su monopatín por la vieja Niza, un agente reparó en su silueta afilada. Pero convertirse en modelo no era una prioridad. Aymeline siguió sus estudios de periodismo y de comunicación y, con 22 años, se decidió a «subir a París en busca de un trabajo serio».

Y… ¡sorpresa! Su ascenso fue fulgurante. «Mi único sueño sería llegar al final de mi vida diciéndome que he hecho las cosas con corazón y con pasión», confiesa la carismática modelo