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La actriz Adèle Haenel abandona el cine por ser "racista, sexista y patriarcal"

"Ya no hago películas por motivos políticos", ha contado la protagonista de 'Retrato de una mujer en llamas'

Noelia Murillo

Adèle Haenel es una de las voces más críticas de la industria del cine y lo viene demostrando desde hace tiempo. La actriz no ha tenido reparo a la hora de apoyar el movimiento #MeToo con experiencias personales que han marcado su vida y ha hablado abiertamente de episodios traumáticos, como el que vivió junto al cineasta Christophe Ruggia, a quien acusó de haber tenido un comportamiento inapropiado con ella cuando aún era menor de edad.

Tampoco dudó en demostrar que estaba en contra del reconocimiento de la industria a Roman Polanski en los Premios César del cine francés en 2020, cuando el realizador se encontraba en una causa abierta en su contra en Estados Unidos por abuso sexual y violación a una menor. Cuando se llevó el premio en la categoría de Mejor director por 'El oficial y la espía', la actriz se levantó de su butaca y abandonó la ceremonia gritando '¡qué vergüenza!'.

La actriz, mundialmente conocida por 'Retrato de una mujer en llamas' aunque poseedora de una filmografía extensa, ha anunciado en una entrevista para una publicación alemana que no está interesada en el cine y que ahora solo quiere hacer teatro. El motivo por el que el que esta otra industria ha dejado de interesarle se debe a que, en su opinión, "es absolutamente reaccionaria, racista y patriarcal".

"Nos engañamos cuando nos decimos a nosotros mismos que los usuarios que están en el poder tienen buena voluntad, que el mundo se mueve en la dirección correcta bajo su bondadosa y a veces poco hábil gestión. En absoluto, lo único que mueve estructuralmente a la sociedad es la lucha social", ha comentado la intérprete, que ha reconocido que, en su caso, "irse es luchar" y que deja definitivamente esta industria tras abandonar antes 'El imperio', cinta de ciencia ficción que iba a dirigir Bruno Dumont.

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A pesar de que, en un principio, le pareció que su personaje iba a ser "muy divertido, una especie de Luke Skywalker", con el tiempo se dio cuenta de que no iba muy en la línea de lo que estaba buscando. "El problema es que, detrás de esa fachada divertida, se defendía un mundo oscuro, sexista y racista. El guion estaba lleno de chistes sobre la cultura de la cancelación y la violencia sexual", ha comentado la actriz en esta entrevista para FAQ.

A pesar de que, inicialmente, este no será un adiós definitivo a las cámaras, la también protagonista de '120 pulsaciones por minuto' ha reconocido que, si se quedara en la industria cinematográfica "sería una especie de fachada feminista para esta industria masculina y patriarcal". "Mi sueño es dejarlo claro: esta industria promulga un mundo capitalista, patriarcal, racista y sexista de desigualdad estructural. Esta industria trabaja de la mano del orden económico global, en el que todas las vidas no son iguales", ha puntualizado.