Cosmética BIO

¿Sabes cómo sidtinguir la auténtica cosmética bio? La tendencia más chic del momento ha generado un mercado en auge que requiere información y rigurosos certificados que garanticen su procedencia ecológica. Crea adictas.

Myriam Serrano

De un grupo de hippies iluminados a todo un estilo de vida. Aquel movimiento que empezó, hace 30 años, con un grupo de agricultores que decidió cultivar sus cosechas sin pesticidas para acercarse a la tierra, preservar la salud y recuperar los sabores, se ha convertido en toda una filosofía de sociedad. Energía, detergentes, tejidos... y, por supuesto, cosmética. Un sector con un crecimiento brutal (más del 22% en EEUU, y con unas previsiones de más del 35% en Europa y Japón). En España aún hay mucho por hacer –o conciencia que tomar–, pero algo está claro: no hay vuelta atrás.
100% bio
Un cosmético solo se puede denominar biológico si el 95% de sus ingredientes procede de cultivos ecológicos, y no lleva conservantes.
La revolución verde
Conseguir una fórmula sostenible y de calidad, con ingredientes solo biológicos, sin conservantes, aditivos ni colorantes es un desafío. Origins lo ha superado.
«El verde será el nuevo icono de la sociedad, el color del estilo, como ha sido el negro», pronostica Pino Urech, directora de Origins en España. La marca de prestigio con ingredientes naturales ha trabajado durante cuatro años en su línea biológica, a la que se referían como ‘proyecto verde’. El resultado es Origins Organics, una gama de productos ecológicos certificados por tres de las agencias más importantes del mundo: la americana USDA, la europea Ecocert y la británica Soil Association. Con uno de estos sellos se asegura que el cosmético ha seguido unas normas muy estrictas para denominarse ‘ecológico’. Tanto, que conseguir una fórmula fiable y de textura aceptable es un desafío. «Ha sido una auténtica aventura encontrar en el mundo ingredientes que pasen los controles de esos organismos», explica Lieve Declerq, directora del laboratorio de investigación biológica de Estée Lauder (grupo al que pertenece Origins). «Muchos proveedores se quedaron en el camino. La lista de emulsionantes para espesar las fórmulas también es muy restringida, y hubo que agudizar el ingenio para sustituir la prohibida glicerina: lo conseguimos con lecitina de soja, almidón de arroz, cera de abeja o de palmera.» ¿Y cómo conservarlo? Desde luego, sin parabenes, el clásico conservante. Se logró con aceites esenciales como el de lavanda, que además dan aroma a unos productos eficaces y auténticos. No son sofisticados, pero es una opción para las consumidoras concienciadas con el medio ambiente y con su salud. Una de las más conocidas es la diseñadora Stella McCartney, que creó su propia línea biológica de productos de lujo, Care. «¡Estoy convencida de que la naturaleza aporta tantos beneficios a la piel! –dice–. No se trata solo de preservar el medio ambiente con el cartonaje y la exclusión de pruebas en animales porque esté de moda, sino también de establecer un código ético en el desarrollo de los productos.»
¿Cómo es una muejer bio?
Urbana, de entre 30 y 55 años, de clase mediaalta, instruida, interesada y capaz de buscar la información de lo que consume, sensible a la novedad y el consejo, y dispuesta a pagar por la calidad y la seguridad del producto. Así es el perfil de la consumidora bio, según un estudio realizado por los laboratorios Arkochim. Y aunque en España estamos en los últimos puestos de los países europeos en crecimiento de este sector, un 73% de las españolas se muestra dispuesta a cambiar su cosmético actual por otro con una formulación más natural, según una encuesta del mismo estudio (en Francia solo llegaba al 43%). Si estás entre ese alto porcentaje de potenciales consumidoras, debes saber que no es verde todo lo que intenta vender como tal. Busca en las etiquetas con lupa, con la minuciosidad de un detective, los diferentes distintivos con exigencias de calidad. Aparecen en los envases de plástico (reciclado, por supuesto) de los productos y/o en los cartonajes. No es tarea fácil, ya que algunas marcas utilizan logotipos propios. En Europa, surgió por la propia demanda de los consumidores el sistema de certificación Ecocert, que únicamente concede su distintivo rojo a los cosméticos que cumplen su legislación.